
Algo para Pensar — Parasha Vayechi (martes, 30 diciembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!«Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años» (Génesis 47:28).
¿Por qué Jacob no pudo darse cuenta que su hijo José estaba vivo?
La respuesta del Zohar es que la Shejiná, la manifestación de la Presencia Divina más cercana a nuestro mundo, no pudo acompañar a Jacob durante todos los años de dolor en la ausencia de José, porque la Shejiná no puede reposar donde hay dolor y tristeza.
Por lo tanto, al no contar Jacob con la Inspiración Divina completa, no podía percibir que José estaba vivo. Jacob ignoraba que los eventos traumáticos que vivió — la pérdida de su amado hijo José, huir de su hermano Esaú y la disputa con su suegro Labán — estaban relacionados con el tikkun de Adán que él mismo había asumido. El Creador nunca se lo aclaró a Jacob, ya que esta falta de claridad también formaba parte de la corrección.
La lucha de Jacob por completar su corrección se vio dificultada enormemente por la duda, provocada por el hecho de que, a pesar de su arduo trabajo espiritual y su elevado nivel, su vida estaba plagada de tragedias.
A menudo, en nuestra ignorancia, no comprendemos porqué suceden ciertas cosas. «Estoy haciendo un gran trabajo espiritual,» decimos, «¿cómo es posible que me ocurran estas cosas terribles?»
El rabino Yitzchak Isaac de Komarna escribe que cuando experimentamos fuertes dudas, esto significa que un juicio divino se cierne sobre nosotros o nuestra familia.
Si sucumbimos a esas dudas, permitimos que ese juicio se manifieste en nuestra vida; pero si las combatimos, lo evitamos.¡La forma en que elegimos lidiar con la duda marca la diferencia!
Una tarde, después del Shabat, mientras un gran cabalista meditaba, uno de sus alumnos le trajo una bebida caliente. El cabalista tenía los ojos cerrados y estaba absorto en sus pensamientos.
Al cabo de una hora, la bebida se enfrió, así que su alumno le trajo otra. Esta también se enfrió. Cuando el alumno le trajo una tercera taza de una bebida caliente, vio que su maestro abría los ojos. Entonces le preguntó: «¿En qué estabas pensando? ¿Qué pensamientos podían ser tan absorbentes que no te diste cuenta tres veces que te traía algo caliente para tomar?»
El maestro respondió: «Cada viernes por la noche, la parte perfecta de nuestra alma desciende a nuestro mundo. Al terminar el Shabat, nuestra alma cotidiana le pregunta al alma perfecta: ‘¿Logré algo? ¿Corregí algo? ‘ Si la respuesta es sí, ambas partes del alma se regocijan. Pero si la respuesta es no, ambas comienzan a llorar desconsoladamente.»
El cabalista continuó: «Cada Shabat, a través de nuestra conexión con nuestra Neshama Yetara, Alma Adicional, se nos otorga la capacidad de corregir un error y liberar la alegría que conlleva dicha corrección.
Si no despertamos esta alegría, la parte perfecta de nuestra alma se aleja. Solo a través dela alegría logramos atraer hacia nosotros una pequeña parte de esa alma perfeccionada.»
Durante ciento treinta años, la vida de Jacob estuvo marcada por la tristeza. Pero una vez se mudó a Egipto, una vez completó su corrección, Jacob pudo liberarse del peso que lo había atormentado durante gran parte de su vida. Ahora podía vivir plenamente.
Cada uno de nosotros llega a este mundo con un tikkun, una corrección que debemos asumir. Evitar esta tarea puede conducir a la depresión, e incluso cuando la emprendemos, nuestras dudas e incertidumbres pueden contribuir a nuestro dolor.
Pero una vez que reconocemos lo que hemos venido a corregir y logramos completar la ardua tarea de limpiar nuestro tikkun, esos matorrales espinosos dan paso a prados exuberantes, y la tristeza se transforma en júbilo y alegría, tal como sucedió con Jacob.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



Deja un comentario