
Algo para Pensar — Parasha Vayechi (lunes, 29 diciembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
«Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años» (Génesis 47:28).
El Baal Shem Tov nos dice que no es casualidad que los diferentes temas que estudiamos se relacionen entre sí. Es una señal del Creador. De igual manera, no hay coincidencias en la Biblia. La elección de palabras específicas siempre es significativa. El pasaje de la Torá de Vayeshi, que significa «Y él vivió», subraya que Jacob no solo pasó diecisiete años en Egipto.
Según el Zohar, Jacob no había vivido plenamente antes de ese tiempo. Antes de entrar en Egipto, sus días habían estado marcados por el dolor y la tristeza. Solo durante su estancia en Egipto supo, con gran alegría, que su hijo José, a quien creía perdido, estaba vivo y prosperando como segundo al mando del faraón. En Egipto, Jacob vería a todos sus hijos y nietos — setenta miembros de su familia — vivos y sanos.
El rabino Shmuel Bornsztain, también conocido como Shem Mishmuel, afirma que podemos comprender cómo las personas con un nivel espiritual inferior podrían no ser consideradas vivas según la Torá. Pero ¿cómo podemos relacionar este concepto con Jacob? Jacob, un alma muy elevada, siempre estuvo conectado a la Luz del Creador, entonces, ¿cómo podemos decir que durante los primeros años de su vida no «vivió»?
En Likutei Torah, el rabino Isaac Luria, el Ari, afirma que los años que Jacob vivió en Israel fueron años en los que su labor espiritual consistió en corregir el pecado de Adán y el daño que este causó al Brit, o Pacto, entre Dios y el hombre. Entre las señales de ese daño se encuentran la tristeza y la falta de lo que llamamos chiut, o entusiasmo, lo cual se observa tanto en quien causó el daño (Adán) como en quien lo corrige (en este caso, Jacob).
Sin embargo, en cierta medida, esta corrección es algo que todos asumimos en esta vida. El Ari señala que la alegría que experimentamos en nuestra vida es un buen indicador de si hemos corregido este daño o no. Si sentimos alegría y entusiasmo en nuestras oraciones, en Shabat y en nuestra conexión con el Zohar, entonces sabemos que hemos cumplido nuestra parte en esta corrección; si no sentimos ese júbilo, sabemos que aún queda trabajo por hacer.
Como Jacob era más puro que casi cualquier otra persona que haya existido, se comprometió a dedicar ciento treinta años a corregir el daño causado por Adán, lo que implicaba cargar también con la manifestación de ese daño: una vida llena de tristeza.
Jacob asumió el daño del ibur, o alma, de Adán para poder corregirlo. Tras ciento treinta años, el Creador dijo que Jacob había cumplido su cometido. Ahora podía vivir los siguientes diecisiete años disfrutando de la compañía de su familia.
El Zohar plantea una pregunta retórica: ¿Por qué tuvo que sufrir tanto Jacob? ¿Por qué no se dio cuenta de inmediato que José estaba vivo? Después de todo, un alma elevada como la de Jacob tenía acceso al poder del Ruach HaKodesh, o Inspiración Divina.
Esta historia continuará mañana…
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




Deja un comentario