
Algo para Pensar — Parasha Vayigash (viernes, 26 diciembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
«Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera» (Génesis 47:27)
Con estas palabras, la Torá describe los comienzos del primer galut (exilio) del pueblo judío, cuando Jacob y sus setenta hijos y nietos se trasladaron desde Tierra Santa y se establecieron en la tierra de Egipto.
El pueblo de Israel se estableció en la tierra de Egipto, específicamente en la región de Gosén, donde adquirieron propiedades y prosperaron, creciendo en número y fortaleza de manera notable (Génesis 47:27).
Al principio, todo parecía auspicioso: José, uno de ellos, ejercía un poder casi absoluto en Egipto, y Gosén, la zona más próspera del país, les ofrecía un terreno ideal para expandirse. Así, se adaptaron y florecieron tanto en lo material como en lo espiritual.
Sin embargo, el término hebreo «vayei’achazu», que se traduce como «tomaron posesión», también puede interpretarse como «fueron capturados por ella». Nuestros sabios plantean ambas lecturas o interpretaciones.
Rashi lo asocia con «achuzah», refiriéndose a la adquisición de tierras y un lugar para habitar. En cambio, el Midrash lo ve como que «la tierra los retuvo y los aprisionó… como a alguien que es sujetado con firmeza» (Midrash Tadshe, 17).
Una contradicción similar se observa en la actitud de Jacob hacia su nuevo entorno. Por una parte, sus diecisiete años en Egipto se consideran los más plenos de su existencia. Por otra parte, la Hagadá indica que descendió a Egipto «forzado por el decreto divino.»
Esta afirmación de la Hagadá parece chocar con la visión de los sabios, quienes comparan a Jacob con una «merkavah» (un carro o vehículo divino), donde «cada aspecto de su ser estaba libre de preocupaciones mundanas y funcionaba solo como instrumento para ejecutar la voluntad de Dios en todo momento».
El contenido de lo que hoy hemos analizado nos confronta con una situación común en la que nos vemos desafiados con los momentos que requieren adaptabilidad y alineación. Esto a su vez genera cierta tensión entre lo que requiere nuestro entorno versus lo que demanda nuestra Dios.
Entonces, ¿cómo podemos aplicar esta lección de adaptabilidad vs. la alineación con lo divino en tu propia vida?
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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