
Algo para Pensar — Parasha Vayislach (miércoles, 3 diciembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«… menor soy que todas las misericordias y por toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos» (Génesis 32:10).
Cuando Jacob dejó la casa de su padre en Beerseba y partió hacia Harán, era un pobre indigente que huía por su vida. Veinte años después, regresó convertido en un hombre rico, con una familia numerosa y en crecimiento, una multitud de sirvientes e inmensos rebaños de ovejas y vacas.
La promesa que Dios le había hecho — «Estaré contigo y te protegeré dondequiera que vayas, y te traeré de vuelta a esta tierra» — se había cumplido a cabalidad.
En lugar de reforzar el ego de Jacob, en lugar de darle confianza en su continuo éxito y asegurarle que los nuevos planes de Esaú contra él fracasarían, todo esto tuvo el efecto contrario. La bendición de Dios hizo que Jacob se sintiera más insignificante ante sí mismo, menos seguro de sí mismo y más temeroso de sus enemigos. «Me siento humillado,» clamó a Dios, «por toda la bondad y la verdad que has mostrado hacia tu siervo.»
¿Qué provocó tal reacción en Jacob? ¿No sería algo más natural que una muestra de bondad de Dios hacia una persona haga que aumente su autoestima en lugar de achicarla?
El rabino Schneur Zalman de Liadi, fundador del jasidismo Jabad, abordó esta cuestión en una carta escrita tras su liberación de prisión en 1798.
El rabino fue arrestado y acusado de traición, a raíz de peticiones al zar por parte de opositores al jasidismo. Tras 53 días de prisión, fue exonerado de todos los cargos y liberado. El acontecimiento (que se celebra hasta el día de hoy el 19 del mes de Kislev) marcó la victoria decisiva del movimiento jasídico sobre sus adversarios y el inicio de una nueva etapa de mayor difusión de la enseñanza jasídica.
Tras su liberación, el rabino Schneur Zalman envió una carta a todos sus seguidores advirtiéndoles contra cualquier sentimiento de orgullo o superioridad sobre sus oponentes como resultado de su victoria. Comenzó su carta citando las palabras de Jacob: «Me siento humilde ante toda la bondad y la verdad que has mostrado a tu siervo.»
¿Por qué la bondad divina generó un sentimiento de humildad en Jacob?
Pero esto, explicó el rabino Schneur Zalman, expresa la diferencia entre una persona atrapada en la trampa de su propio ego y aquella que tiene una perspectiva auténtica de sí misma y de su relación con Dios.
Para la persona ensimismada, una bondad divina es un favor a ÉL y una prueba de su gran importancia y valía. Así, el efecto final de la experiencia es un distanciamiento de la persona con respecto a Dios: un mayor énfasis en sí misma y en sus propias necesidades, y una menor conexión con la fuente de las bendiciones que le han sido concedidas.
Para la persona que posee una conciencia espiritual, sin embargo, la bondad de Dios es, ante todo, un acto de amor divino: Dios la acerca a él. Y cuanto más se acerca uno a Dios, mayor es el nivel de consciencia que le permite captar su propia insignificancia ante la infinitud divina.
Esta es «la verdad de Jacob»: Dado que la ley fundamental de la realidad es que «ante Él todo es como nada,» se deduce que cuanto más «ante Él» (es decir, más cerca de Dios) está una persona, más «como nada» se percibe a sí misma.
«Por lo tanto,» concluyó el rabino Scheur Zalman en su carta, «hago un gran llamado a toda nuestra comunidad respecto a las muchas bondades que Dios nos ha mostrado abundantemente: Asuman el atributo de Jacob… No se sientan superiores a sus hermanos; no hablen mal de ellos ni los insulten,
¡Dios no lo permita! Les advierto severamente: No mencionen [nuestra victoria]. Solo humillen sus espíritus y corazones con la verdad de Jacob.»
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




Deja un comentario