
Algo para Pensar — Parasha Vayislach (domingo, 30 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 4 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana estudiaremos la parashá Vayishlach. Esta es la octava porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.
Porción: Génesis 32:4-36:43
Vayishlach («Él Envió») narra la historia de Jacob y su familia. Jacob lucha con un hombre (comúnmente interpretado como un ángel), recibe el nombre de Israel y se reconcilia con su hermano Esaú. Dina, la hija de Jacob, es violada por un príncipe heveo, y sus hermanos saquean una ciudad en represalia. Raquel muere al dar a luz a Benjamín, el hijo menor de Jacob
Esta semana estudiaremos la parashá Vayishlach. Esta es la octava porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.
Porción: Génesis 32:4-36:43
“Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él. Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió…” (Génesis 32: 6,7).
Esta porción de la Torá comienza con el viaje de Jacob para encontrarse con su hermano Esaú, con quien no había tenido contacto durante muchos años.
Sabiendo que Esaú lo odiaba por haberle robado su primogenitura y la bendición de su padre, Jacob, comprensiblemente, estaba ansioso por el encuentro.
La Biblia nos dice que, antes de este encuentro, Jacob oró al Creador, expresando su humildad por toda la bondad que este le había concedido. Consciente de su buena fortuna y prosperidad, Jacob envió mensajeros con regalos de cabras, ovejas, vacas y asnos para Esaú. Al acercarse a Esaú, se postró siete veces ante él en señal de sumisión.
La Torá dice que Jacob comprendió que la única esperanza de protegerse a sí mismo y a su familia era ser generoso con su hermano y humillarse. Solo cuando vio a Esaú fue cuando realmente se dio cuenta en contra de qué luchaba; entendió que todo su trabajo espiritual, todas sus oraciones, todo su estudio — ninguna de esas herramientas espirituales le servirían de algo, pues su lucha era contra su propio ego. Entonces Jacob comprendió que su única esperanza era humillarse.
Está escrito que la única manera de convertirse en un «tzadik,» una persona justa, es arrodillarse al menos siete veces (conectándose con siete planos espirituales distintos). Para comprender este concepto, debemos entender y aceptar que la mayoría de nosotros somos como Jacob al inicio de esta historia.
Tenemos nuestro trabajo espiritual, nuestras oraciones y nuestro estudio. Podemos prepararnos todo lo que queramos para nuestra batalla contra «Esaú,» pero todas estas herramientas no servirán de nada si nos dejamos dominar por el ego.
Para subyugar el ego, primero debemos comprender la magnitud del desafío.
Metafóricamente, el ego es algo tan poderoso como las fuerzas de Edom que se alzaron contra Jacob. Y siendo que la mayoría aún vivimos como Jacob — orgullosos de nuestras posesiones y logros — debemos entender que nuestra ÚNICA oportunidad de victoria reside en disminuir el dominio del ego sobre nosotros.
No podemos engañarnos al respecto. Nada de lo que alguna vez creímos que nos salvaría de «Esaú» — de las fuerzas de la oscuridad y el dolor en este mundo — nos servirá ahora. Humillarnos ante otro mortal, es nuestra única opción eficaz.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR




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