
Algo para Pensar — Parasha Vayetzei (domingo, 23 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana estudiaremos la parashá Vayetzei. Esta es la séptima porción semanal de la Torá en el ciclo anual de lectura de la Torá.
Porción: Génesis 28:10-32:3
Vayetzei (“Y él salió”) comienza cuando Jacob sueña con ángeles subiendo y bajando por una escalera, y luego continúa su viaje hacia la casa de su tío Labán. Durante años de servidumbre, Jacob se casa con las hijas de Labán, Lea y Raquel, teniendo hijos con ellas y con sus siervas, Bilhah y Zilpah.
«Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas.
Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas.» (Génesis 31:38-39)En la parashá Vayetze leemos sobre la escrupulosa honestidad y el arduo trabajo de Jacob como pastor de su tío y futuro suegro.
Jacob describe a Labán con gran detalle su devoción y lealtad incondicional a su tarea, esforzándose desde la madrugada hasta altas horas de la noche, y asumiendo plena responsabilidad por cualquier animal perdido (31:38-40).
El Rambam y el Shulján Aruj, al presentar las halajot de las obligaciones de un empleado hacia su empleador, señalan a Jacob como el paradigma de la honestidad en el trabajo. Él [Jacob] establece el estándar que todos los empleados deben seguir fielmente en el cumplimiento de sus responsabilidades hacia sus empleadores.
Los Sabios enseñan que Jacob sobresalió específicamente en el área de Emet — la verdad y la honestidad. Las situaciones que enfrentó, donde se vio obligado a actuar con cierta deshonestidad, como disfrazarse de Esaú para recibir la bendición de su padre y burlar a su astuto e inescrupuloso suegro, sirvieron como prueba para determinar si su honestidad era producto del temor a Dios.
Así como Abraham, paradigma de la bondad, fue probado mediante la Akedá, la orden de sacrificar a su propio hijo, Jacob también fue probado al ser obligado a actuar con deshonestidad.
Abraham y Jacob demostraron que su compromiso con estos valores — la bondad y la honestidad — provenía de la pura devoción a Dios, y no era simplemente una función de su naturaleza y/o instinto acomodaticio. Al actuar en contra de su naturaleza para obedecer la palabra de Dios, demostraron su lealtad incondicional a Él y la pureza de sus motivos.
El Semag (Sefer Misvot Gadol) afirma que el Mashíah no puede venir hasta que la nación judía sea conocida entre el mundo no judío como un pueblo honesto y recto. Si los judíos tienen fama de ser estafadores y mentirosos, las naciones no judías con razón preguntarán a Dios cuando Él los libere: «¿Es este tu pueblo elegido, una nación de ladrones y estafadores?»
Pero cuando los judíos nos comportemos con absoluta verdad y honestidad, sin recurrir jamás a la falsedad ni al engaño, las naciones del mundo respetarán la decisión de Dios y lo alabarán por elegir a un pueblo éticamente recto.
Lamentablemente, vivimos en una época donde la deshonestidad se ha convertido en un estilo de vida. Los empleados no tienen reparos en hacer llamadas personales de larga distancia en el trabajo ni en llevarse material de oficina a casa para uso personal, y los empleadores a menudo no pagan a sus trabajadores a tiempo.
Se pierden reuniones programadas, las empresas se declaran en quiebra para evitar pagar a sus acreedores y constantemente se idean nuevas estrategias para engañar a consumidores inocentes. Vivimos en una época de tramposos/as y engañadores/as.
Quienes así actúan no pueden responder afirmativamente cuando se les pregunta: «¿Nasata ve’natata be’emuna?»**
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
**¿Te comportaste honestamente en los negocios?




Deja un comentario