
Algo para Pensar —Parasha Toledot (miércoles, 19 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos “
Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿ para qué vivo yo? Y fue a consultar a El Eterno» (Génesis 25:22)
Todos tenemos la absoluta libertad de elección. No importa cuán fuerte parezca que la situación está en nuestra contra, no importa qué demonios invadan nuestro corazón, nuestro Creador nos ha fortalecido con la fuerza de voluntad y los recursos espirituales para superarlo todo.
Como Maimónides cita del Talmud: «Quien es más grande que su prójimo, su inclinación al mal también es mayor.» Para cada desafío que debamos enfrentar, tenemos lo necesario para enfrentarlo y superarlo.
El hecho de que Esaú tuviera una fuerte innata inclinación hacia el mal no significaba que estuviera condenado a una vida de maldad. Más bien, significaba que su reto en la vida era ser un «astuto colocador de trampas, un hombre del campo», un «conquistador» que lidia con lo negativo en sí mismo y en el mundo, burlando sus bajos instintos y explotando su afinidad por lo material para fines piadosos. Significaba que, a diferencia de Jacob, naturalmente perfecto, Esaú poseía el potencial para el «segundo manjar», igualmente vital para el propósito de Dios en la creación.
Isaac, como progenitor del pueblo de Israel, incorporó en sí el potencial tanto para el modo de vida «perfectamente piadoso» así como para el «conquistador.» Su propia vida fue una de perfección piadosa; pero sus gemelos encarnaron los dos aspectos del servicio del hombre al Creador.
Esaú tenía libre albedrío, como toda persona (incluso el individuo perfectamente piadoso puede retroceder o no alcanzar su potencial), una elección que no ejerció adecuadamente. Pero esto ocurrió más tarde en la vida.
El hecho de que, aún en el vientre materno, se sintiera fuertemente atraído por las tentaciones del paganismo no le impidió crecer espiritualmente junto con su hermano Jacob. «Los hijos maduraron,» cada uno en su propio campo de actividad: Jacob en las tiendas del aprendizaje, Esaú en los desafíos del mundo material.
Estos datos también aclaran un pasaje desconcertante en el comentario de Rashi sobre la Torá. El versículo inicial de la parashá de Toledot dice: «Y estos son los descendientes de Isaac…» A lo que Rashi comenta: «Jacob y Esaú, mencionados en la parashá.»
Pero inmediatamente después de este versículo, tras una breve mención del matrimonio de Isaac, la Torá procede a relatar los nacimientos de Jacob y Esaú. ¿Qué aporta Rashi a nuestra comprensión de estos versículos?
En un nivel más profundo, Rashi aborda la misma cuestión que planteamos anteriormente. ¿Cómo llega un «Esaú» a ser descendiente de Isaac y Rebeca? ¿Cómo dos personas perfectamente justas engendran una descendencia malvada de nacimiento?
Rashi dice: «Esaú era malvado» no es producto de Isaac, sino una criatura de su propia creación. La «descendencia de Isaac» son los «Jacob y Esaú mencionados en la parasha.»
El Esaú de la parashá, visto desde la perspectiva de la Torá, donde todo se ve en su luz más profunda y verdadera, no es malvado, sino el instrumento para la conquista del mal. El Esaú de la parashá es quien provee o produce el «segundo manjar», un elemento indispensable del propósito de la vida en la tierra.
Ahora podemos entender la disputa prenatal de los gemelos por «la herencia de los dos mundos». De esto, hablaremos mañana.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




Deja un comentario