Algo para Pensar — Parasha Toledot (domingo, 16 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!


Esta semana estaremos estudiando Parashat Toledot; siendo esta la sexta porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.


Porción de la Torá: Génesis 25:19 – 28:9


Toledot (“Generaciones”) comienza con el nacimiento de los gemelos de Isaac y Rebeca, Jacob y Esaú. Esaú vende su primogenitura a Jacob a cambio de una sopa. Isaac y Rebeca viajan a Gerar, donde Isaac firma un tratado de paz con el rey Abimelec. Isaac le da a Jacob la bendición destinada a Esaú, y Jacob huye hacia su tío Labán.


«Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición» (Génesis 27:35).


Quien lee la parashá Toledot se enfrenta a la pregunta de cómo Jacob pudo «engañar» a su padre, disfrazándose de Esaú para «robar» la bendición de su hermano. 


La tradición generalmente señala a Emet, la Verdad, como el atributo sobresaliente de Jacob (תִּתֵּ֤ן אֱמֶת֙ לְיַֽעֲקֹ֔ב,«Titén emet leYaakob» – Miqueas 7:20). Pero ¿no engañó a su padre? ¿No se identificó falsamente como Esaú cuando se presentó ante Yitzjak para recibir la bendición?


Muchos rabinos explican que cuando Jacob acudió a su padre y le dijo: «Anoji Esav bejorejá» («Soy Esaú, tu primogénito»), lo dijo de una manera que técnicamente no constituye una mentira. 


En realidad, dijo: «Anoji; Esav bejorejá»: Yo soy quien soy; Esaú es tu primogénito.» ¿Acaso Jacob estaba jugando con su padre? ¿Es esto honestidad? ¿Qué importancia tiene si sus palabras pudieran interpretarse técnicamente de esta manera? ¿Pretendía que su padre asumiera erróneamente que era Esaú quien estaba frente a él?


Cuando Isaac habló con Esaú y le informó de sus planes de otorgarle la bendición especial, esta conversación tuvo lugar en una habitación privada. ¿Cómo oyó Rivka lo que Isaac le dijo a Esaú? ¿Estaba escuchando a escondidas?


El Targum Yonatan Ben Uziel escribe que Rivka se enteró de esta conversación a través del Ru’ahHaKodesh, mediante una profecía. Tuvo una visión profética que le informó de los planes de Isaac de bendecir a Esaú. 


Cuando Rivka le ordenó a Jacob que se disfrazara de Esaú y engañara a su padre, no actuó como una madre, sino como una profetisa. Comprendió a través de la profecía que era su deber asegurarse que la bendición fuera dada a Jacob y no a Esaú.


Aun así, la pregunta persiste: ¿tiene un profeta la autoridad para abrogar una ley de la Torá? La Torá prohíbe el engaño y la deshonestidad. Si un profeta nos ordena que transgredamos una ley de la Torá, ¿debemos obedecer su instrucción?


El Rambam distingue a este respecto entre la abrogación permanente de una mitzvá y su suspensión temporal. Un profeta que afirma que un precepto de la Torá ya no aplica es inmediatamente rechazado y ejecutado por profetizar falsamente. 


Sin embargo, si un profeta consagrado invoca una única violación de una ley de la Torá, como cuando Eliyahu ordenó ofrecer un sacrificio fuera del Bet HaMikdash, debe ser obedecido.


Rivka recibió una profecía: la bendición de Isaac debía ser otorgada a Jacob, y no a Esaú. Por lo tanto, Jacob no tuvo más remedio que obedecer las instrucciones de su madre, y a pesar de su natural sinceridad, tenía que disfrazarse de Esaú.


Cuando los comentaristas explican que la observación de Jacob significaba «Anoji; Esaú bejoreja», buscan enfatizar el alcance del compromiso de Jacob con Emet, con la verdad perfecta.

Incluso en una situación en la que se le exigió mentir, cuando recibió instrucciones proféticas para disfrazarse de otra persona, no pudo atreverse a decir una mentira descarada. Hizo todo lo posible por minimizar la «farsa». 


Cuando Isaac le preguntó a Jacob (creyendo que era Esaú): «¿Cómo lo encontraste tan rápido, hijo mío?», Jacob respondió que Dios lo ayudó, algo que Esaú jamás hubiera dicho. Jacob no intentó ocultar su verdadera naturaleza, imitar la voz o la forma de hablar de Esaú. Tan comprometido estaba con decir la verdad, que incluso cuando se le exigió disfrazarse, lo hizo en el menor grado posible.


Desafortunadamente, mucha gente interpreta esta historia como un ejemplo de la naturaleza engañosa de Jacob, de cómo astutamente engañó a su padre para privar a su hermano de la bendición que le correspondía. 


Pero cuando leemos el Jumash correctamente, guiados por los escritos de nuestros Sabios, vemos que, por el contrario, esta historia resalta el compromiso inquebrantable de Jacob con la verdad. 


Esta lectura debe inspirarnos a emular esta y otras cualidades de nuestros grandes Patriarcas, y a preguntarnos honestamente: 

«¿Cuándo mis acciones replicarán las de mis antepasados?»


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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