
Algo para Pensar — Jaiei Sara (viernes, 14 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
«Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura…» (Génesis 25:1)
En la Torá (Génesis 25:1), se nos relata que Avraham Avinu tomó otra esposa llamada Ketura después de la muerte de Sara Imeinu.
Desde la perspectiva de la tradición judía, basada en las interpretaciones rabínicas del Midrash y los comentarios de Rashi, se entiende que Ketura no es una mujer nueva, sino Hagar, la sierva egipcia de Sara.
Esta visión no solo aclara posibles discrepancias en el texto sagrado, sino que ilumina profundos temas de teshuvá (arrepentimiento), reconciliación y la perpetuación de la línea familiar de Avraham, reflejando la misericordia divina y la unidad en la narrativa patriarcal.
Comencemos examinando las pistas textuales y etimológicas que respaldan esta identificación. En Bereshit 16, Hagar aparece como la concubina egipcia que da a luz a Ishmael, pero es expulsada debido a los celos de Sara (Bereshit 21).
Tras el fallecimiento de Sara en Bereshit 23, Avraham se une a Ketura, con quien engendra seis hijos: Zimrán, Yokshán, Medán, Midyán, Yishbak y Shuaj (Bereshit 25:1-2).
¿Por qué el texto no la nombra directamente como Hagar?
El nombre «Ketura» proviene de la raíz hebrea qetorah, que evoca «incienso» — símbolo de pureza y fragancia espiritual — o «atada», indicando un lazo renovado y fortalecido.
Rashi, apoyándose en el Midrash Rabbah, explica que este nuevo nombre refleja la transformación de Hagar: tras su exilio, las lecciones de Sara surtieron efecto, purificándola como un «incienso aromático» digno de Avraham. En la Torá, los cambios de nombre son frecuentes para marcar evoluciones espirituales, como el de Avram a Avraham, destacándose el crecimiento personal y la redención.
En adición, el marco cronológico refuerza esta interpretación. Al morir Sara, Avraham tenía 137 años, una edad avanzada pero aún fértil, como lo demuestra su capacidad para engendrar descendencia. Sin embargo, su longevidad sugiere que no buscaría una unión casual, sino una con significado profundo. Hagar era la única otra mujer asociada a él, ésto por iniciativa de Sara.
Aquí entra en escena Itzjak, el hijo de la promesa. Después del duelo por Sara, Itzjak busca esposa para sí mismo (Rebeca) con la aprobación de Avraham (Bereshit 24), pero el Midrash indica que Itzjak, al percibir la soledad de su padre, actúa como mediador para restaurar la relación con Hagar. Textos como Pirkei de-Rabbi Eliezer relatan que Itzjak viajó al desierto de Parán, donde Hagar vivía (Bereshit 21:21), y la trajo de regreso.
Esta acción no solo reconstruye la familia, sino que cumple la promesa de Hashem de hacer de Avraham padre de una multitud de naciones (Bereshit 17:4). Los hijos de Ketura son enviados al oriente, al igual que Ishmael (Bereshit 25:6), para preservar la herencia principal para Itzjak y así evitar supuestas disputas.
Esta interpretación rabínica resalta la bondad de Hashem, permitiendo que Hagar se redima y participe en la expansión de las naciones prometidas (Bereshit 17:5).
En esencia, equiparar a Hagar con Ketura revela un viaje del exilio a la restauración, guiado por Itzjak, uno que fortalece la armonía en la casa de Avraham. Esta perspectiva midráshica añade capas espirituales a la Torá, invitándonos a explorar más allá de lo literal y a apreciar cómo la tradición judía enriquece nuestra comprensión de la redención divina.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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