Algo para Pensar — Jaiei Sara (miércoles, 12 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

“Y murió Sara en Quiriat-Arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla” (Génesis 23:2).

Como habrás notado, Parasha Jaiei Sara marca la transición de nuestra primera matriarca, Sara, a la segunda, Rebeca. Una gran parte de la narrativa se dedica a la muerte y entierro de Sara por un lado, y a la búsqueda de esposa para Isaac por el otro.

El rabino Yosef Dov Soloveitchik, zt’l, una vez señaló que con la muerte de Sara, “Abraham se despide del escenario mundial.” A pesar de la relativa longevidad de Abraham, tras la muerte de Sara, parece desaparecer. Deja de ser el protagonista; el manto del liderazgo pasa a Isaac y Rebeca.


Abraham y Sara eran socios íntegros, por lo tanto, la muerte de uno provoca que el enfoque sobre el que sobrevive se desplace o desaparezca. Por lo tanto, tan pronto como terminó el período de entierro y duelo, se buscó un reemplazo para Sara.

Al momento de la sepultura de Sara, Abraham pronuncia una eulogía en su honor, explicando al mundo quién fue esta mujer y lo que se había perdido con su fallecimiento. ¿Quién fue Sara? Ella era, sin duda, más que la mujer que preparaba la comida para los invitados de Abraham. Claramente asumió un papel mucho más proactivo en la educación e inspiración de otras mujeres.


De todas sus estudiantes, hay una que destaca en particular: Agar. Esta mujer es presentada en el capítulo 16 del Génesis como una sierva egipcia de Sara. El Midrash (citado por Rashi) nos proporciona información biográfica sobre ella:


«Hagar era la hija del faraón. Cuando el faraón vio lo que se había hecho en favor de Sara en su casa, tomó a su hija y se la dio a Sara, diciendo: “Es mejor que mi hija sea una sierva en esta casa que una señora en otra casa.” (Bereshit Rabbah, 45:1)


Cuando se hizo evidente para Sara que no podría tener hijos, buscó una pareja adecuada para Abraham, una con el linaje más ilustre que pudiera encontrar. Una mujer menos noble que ella podría haber tenido miedo en adentrarse en semejante «competencia.”

Sara sentía que si Abraham iba a tener un hijo, ese hijo debía ser el mejor hijo posible. En un acto de sacrificio total, Sara invita a la hermosa princesa egipcia a convertirse en mujer de su esposo.


“Sarai, la esposa de Abram, tomó a Hagar, la egipcia…» Ella la persuadió [tomó] con palabras: ‘Afortunada eres de unirte a un hombre tan santo.’ (Bereishit Rabbah 45:3)


Hagar, que había sido la discípula principal de Sara

, quedó embarazada y dio a luz a un hijo. Este suceso la llevó a concluir que esto significaba que ahora Dios la favorecía a ella y no a Sara, y que Sara era una compañera indigna para Abraham. Así que, comenzó a comportarse como si ella fuera la esposa de Abraham.


“Hagar diría: «Mi señora Sara no es interiormente lo que es exteriormente; parece ser una mujer justa, pero no lo es. No ha merecido concebir todos estos años, mientras que yo concebí en una noche.” (ibid)


Podemos entender y quizá incluso simpatizar con la posición de Agar. Ella había nacido en una familia de la aristocracia, pero la búsqueda de la verdad la había llevado lejos del mundo pagano de su padre. El genio de Abraham la cautivó, y llegó a creer que era mejor servir en esa casa que reinar en Egipto. 


Pero ahora la oportunidad de reinar en la casa de Abraham era una opción real. Creía que había recibido una señal divina de que ella, que nació para ser reina, sería de hecho la reina del incipiente movimiento de Abraham.

El error de Agar fue asumir que Abraham lideraba al pueblo solo, que solo él era un gigante espiritual. No reconoció que era una asociación, se trataba de la combinación de Abraham y Sara.

La base del gran movimiento espiritual del cual ella misma había llegado a ser parte estaba constituida por un matrimonio, y no solo por un hombre del cual Hagar, vendrá a ser la esposa, PERO después que Sara tenga su hijo y fallezca.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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