Algo para Pensar — Parasha Vayera (miércoles, 5 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” 

(Génesis 22:1-2).

Cuando Dios presenta a Abraham el mandato más difícil y trágico donde debe sacrificar a su amado hijo Isaac, Abraham a la mañana siguiente se levanta temprano, carga su burro, llama a sus siervos y comienza inmediatamente el viaje, sin una palabra de protesta. 

No encontramos indicios de que Abraham considerara la posibilidad de protestar ante lo divino, pidiendo una reconsideración de la orden, una reacción razonable dado que el Todopoderoso le había garantizado: ‘Por Isaac será llamada tu descendencia.’ ¿Podría Dios haber cambiado de opinión?

Lo que hace que esta pregunta sea aún más impactante es que Abraham se enfrenta a Dios cuando él quiere. En uno de los intercambios más memorables de la Torá — la inminente destrucción de Sodoma y Gomorra —  se convierte en el escenario donde se evidencian todas las habilidades oratorias de Abraham mientras suplica por las vidas de habitantes malvados. ‘¿No actuará el juez del mundo con justicia, destruirá el Todopoderoso al inocente junto con el malvado?’ pregunta provocativamente. Y si hay al menos diez residentes inocentes, ¿no debería el país ser perdonado? 

Si Abraham estaba dispuesto a defender a los malvados sodomitas de una muerte masiva, ¿no pudo haber hecho al menos un poco de esfuerzo por su hijo justo, amado y divinamente prometido?

Hay varias sendas que se pueden tomar al explicar el silencio de Abraham, de estas vamos a destacar tres.

En primer lugar, aludimos a un comentario sugerido por el rabino José Ibn Kaspi que nos recuerda el contexto histórico del mundo en el que vivió Abraham. Es cierto que la Torá fue dada para todos los tiempos, pero también fue dada dentro de un cierto marco contextual e histórico. Abraham vivió en una época en la que el mundo pagano demostraba lealtad al ídolo Molokh sacrificando ritualmente a los niños. 

Por lo tanto, en la mente del patriarca estaba incrustada la terrible posibilidad de que tal mandato pudiera llegarle de su Dios. En un mundo de idolatría donde los niños a menudo eran sacrificados a Molokh, Abraham pudo haber entendido e incluso esperado que él también podría ser ordenado a hacer lo mismo, así que, ni siquiera intenta argumentar.

En segundo lugar, hay dos tipos de oración — la oración nacional y la oración personal — basadas en dos formas distintas en las que Moisés suplica al Todopoderoso. Cuando se trata de una oración en nombre de toda la nación de Israel, una oración por perdón tras el pecado del Becerro de Oro, Moisés suplica durante cuarenta días y cuarenta noches, implorando, protestando e incluso exigiendo que el Todopoderoso no abandone a Su pueblo covenantal. 

Sin embargo, cuando su propia hermana Miriam está enferma, solo pronuncia cinco palabras: ‘Oh Dios, por favor, sánala.’ Después de todo, la promesa de Dios garantizaba la eternidad de la nación, pero no necesariamente la salud de Miriam, la propia hermana de Moisés.

Lo que es cierto para Moisés aplica igualmente a Abraham. Cuando se trata de la destrucción de toda una sociedad, la posibilidad de que los inocentes mueran junto con las masas, Abraham suplica con todos los recursos retóricos para alterar el horror del edicto. Pero cuando se trata de Isaac, su propio hijo, solo puede permitirse el mínimo de palabras y gestos. Por un pueblo suplicará, pero por sí mismo — e Isaac es realmente una extensión de sí mismo — debe permanecer en silencio.

Finalmente, quizá, Abraham no discute porque tiene una relación diferente con Dios que la que tenía cuando protestó a favor de Sodoma y Gomorra, una relación más distante que no permite la camaradería de cuestionar un orden divino.

En nuestra próxima reflexión abordaremos el tema de las actitudes que asumimos ante Dios.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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