Algo para Pensar — Parasha Lej leja (viernes, 31 octubre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shabbat Shalom Lekulam!


«Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo». (Génesis 21:10)


Rambán ciertamente no hizo estos comentarios a la ligera. Creo que lo movía otra consideración: la justicia de la historia. ¿Por qué los israelitas sufrieron el exilio y la esclavitud en Egipto? ¿Por qué, en la época de Rambán, los judíos fueron atacados por islamistas radicales, los almohades, quienes pusieron fin a la Edad de Oro de España que habían disfrutado bajo el gobierno más tolerante de los omeyas?


Rambán creía, como decimos en nuestras oraciones, que «por nuestros pecados fuimos exiliados de nuestra tierra,» pero ¿qué pecados cometieron los israelitas en la época de Jacob que justificaron el exilio?

También creía que «las obras de los padres son una señal para los hijos» (cf. Comentario a Génesis 12:6), y que lo ocurrido en la vida de los patriarcas prefiguraba lo que les sucedería a sus descendientes. ¿Qué le habían hecho a Ismael para ganarse el desprecio de los musulmanes?

Una atenta lectura al texto bíblico le indicó a Rambán que la razón era el trato que Sara dio a Agar.


Así pues, los comentarios de Rambán tienen sentido en su interpretación de la historia judía, pero esto no está exento de dificultades. La Torá establece explícitamente que Dios puede castigar a los hijos y a sus hijos por el pecado de los padres hasta la tercera y cuarta generación (Éxodo 34:7), pero no más allá.

Los rabinos restringieron esto a los casos en que los hijos continúan los pecados de los padres (cf. Rashi sobre Éxodo 34:7). Jeremías (31:28) y Ezequiel (18:2) afirmaron que ya nadie diría: «Los padres comieron uvas agrias y los dientes de sus hijos tienen la dentera». La transmisión de pecados de generación a generación es problemática, tanto desde el punto de vista judío así como del punto de vista ético.


Lo profundamente interesante del enfoque de Rambán hacia Abraham y Sara es su disposición a señalar las fallas en su comportamiento. 
Esto responde a una pregunta fundamental para nuestra comprensión de las narraciones del Génesis: 


¿Cómo juzgar a los patriarcas cuando su comportamiento parece problemático? ¿Cómo abordar, por ejemplo, el caso de Jacob, que aceptó la bendición de Esaú mientras engañaba a su padre, o la brutalidad de Simeón y Leví al rescatar a su hermana Dina?


Las historias del Génesis suelen ser moralmente desconcertantes. Rara vez la Torá emite un veredicto explícito e inequívoco sobre la conducta de las personas. Esto significa que a veces es difícil utilizar estas narraciones como guías de comportamiento. 


Esta situación condujo a su reinterpretación sistemática por parte del Midrash rabínico, de modo que el blanco y el negro sustituyen a los sutiles matices de gris. Así, por ejemplo, las palabras «Sara vio al hijo de Agar la egipcia… burlándose» (Génesis 21:9) fueron INTERPRETADAS por los sabios como que Ismael, de trece años, era culpable de idolatría, relaciones sexuales ilícitas o asesinato. ¡Elementos que estamos seguros que Abraham jamás permitiría!


Claramente, este NO es el sentido literal del versículo. Es, en cambio, una INTERPRETACIÓN que persigue justificar la insistencia de Sara para que Ismael fuera expulsado.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Deja un comentario

Trending