
Algo para Pensar — Parasha Noah (viernes, 24 octubre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
«Y por causa de las aguas del diluvio entró Noé al arca, y con él sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos» (Génesis 7:7)
El momento culminante en la historia de Noé y el Diluvio llega cuando Noé y su familia tienen que entrar en el arca. La Torá lo describe con las siguientes palabras: «Y Noé, sus hijos, su esposa y las esposas de sus hijos entraron en el arca antes de que las aguas del diluvio comenzaron a subir.»
Los rabinos quedan algo sorprendidos por esta última frase. ¿Entró Noé en el arca únicamente por el temor a las aguas del diluvio? ¿Acaso no era él un «hombre justo,» que debería haber obrado movido por el mandato divino, en lugar de por la amenaza de las aguas del diluvio?
El rabino Yochanan responde que la Torá debe interpretarse literalmente. «Noé carecía de fe. Si las aguas del diluvio no le hubieran llegado hasta los tobillos, ¡no habría entrado en el arca!» (cf. Génesis Rabá 32:9).
Rashi transmite el mismo mensaje, pero con una expresión ligeramente diferente: «Noah ma’amin ve’eino ma’amin,» «Noé creía y no creía.» En otras palabras, Noé era un hombre de fe débil. Dudaba en creer en la profecía de Dios sobre el diluvio, y por eso entró en el arca sólo cuando se vio obligado por las aguas en ascenso.
Sin embargo, esta interpretación también presenta ciertas dificultades al pasar por alto que Noé había creído en Dios y que ya había demostrado su fe en circunstancias mucho más difíciles, cuando construyó el arca — según la tradición, tardó 120 años en hacerlo — exponiéndose a la burla de sus contemporáneos. ¿Es razonable suponer que un hombre que había dedicado tanto tiempo a fortalecer sus principios y fe, fracasara en el último momento?
Por lo dicho, me inclino a pensar que el objeto de la «emuna» (fe) en este contexto no es Dios, sino él mismo. El problema no es de índole religioso, es decir, no es si Noé creía en Dios o hasta qué punto lo hacía, sino: ¿creía en sí mismo?
Hagamos el esfuerzo por comprender la expresión de Rashi en su sentido literal:»ma’amin ve’eino ma’amin.» «creía y no creía.»
Según esta interpretación, los rabinos critican a Noé por dos cosas: por creer en sí mismo y por no creer en sí mismo.
Todos nosotros, en virtud de nuestra mortalidad y finitud, debemos apoyarnos unos a otros. Especialmente en las civilizaciones más avanzadas, no existe tal cosa como una completa independencia y autonomía. Todos sabemos que necesitamos a Dios, y Dios sabe que nos necesitamos mutuamente. Es imposible sobrevivir sin interdependencia.
Sin embargo, frecuentemente dejamos de pedir ayuda a tiempo y a menudo esperamos hasta que es demasiado tarde, hasta que las aguas de la inundación nos lleguen no solo a los tobillos, ¡sino hasta la nariz! ¡¿Por qué?!
Hay dos razones, cada una opuesta a la otra. Una de ellas es el exceso de confianza, un exceso de seguridad, egoísmo y arrogancia. Un hombre es un “ma’amin” (creyente) en sus propios poderes e imagen, y teme que pedir ayuda lo coloque en una posición de dependencia, inferioridad y servidumbre.
La segunda razón es una absoluta falta de fe en uno mismo. Un hombre es un “eino ma’amin” (no creyente), que carece de un sentido de seguridad; que experimenta bajeza, timidez e indignidad, y se hunde en la desesperación.
De manera notable, ambas cosas pueden estar presentes, y por lo general, lo están al mismo tiempo.
Es el fenómeno de la ambivalencia, donde dos tendencias opuestas conspiran para paralizarnos sin razón. Después de 120 años de construir el arca, Noé todavía tuvo que ser empujado a entrar en ella por las aguas que le llegaban a los tobillos, debido a ambas razones.
Lo mismo que en ocasiones te sucede a ti, y también a mi.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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