Algo para Pensar — Parasha Bereshit (lunes, 13 octubre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!


“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:27)


¿Qué es exactamente lo que nos quiere decir el primer capítulo de la Torá? 


Lo primero que hay que destacar es que no se trata de una declaración independiente o aislada, hecha en el vacío. Esta, como toda declaración, es parte de un relato que brinda un contexto. De hecho, es una polémica, una protesta contra cierta manera de entender el universo. 


En los mitos antiguos el mundo se explicaba en términos de dioses librando batallas por la supremacía. La Torá rechaza por completo esta forma de pensar. El Eterno habla y el universo llega a existir. Esto, según el gran sociólogo del siglo XIX Max Weber, fue el fin del mito y el nacimiento del racionalismo occidental.


Más significativo, creó una nueva forma de pensar sobre el universo. Central, tanto en el mundo antiguo del mito como en el mundo moderno de la ciencia, está la idea de poder, fuerza, energía. Eso es lo que está significativamente ausente de Génesis 1. 


Dios dice: “Que sea”, y sucede. Aquí no se habla de poder, resistencia, conquista ni del juego de fuerzas. En cambio, la palabra clave del relato, una que aparece siete veces, es totalmente inesperada. Se trata de la palabra “tov”, bueno.


“Tov” es una palabra de corte moral. La Torá en el Génesis 1 nos está diciendo algo radical. La realidad es que la Torá es una guía (la palabra “Torá” en sí misma significa guía, instrucción o ley) “moral” y “ética”. La pregunta que Génesis busca responder no es “¿Cómo llegó el universo a existir?” sino “¿Cómo debemos vivir?” 


Este es el cambio de paradigma más significativo de la Torá. El universo que Dios creó y en el que habitamos no se trata de poder o dominio, sino de “tov” y “ra”, el bien y el mal. Por primera vez, la religión es eticizada. A Dios le importa la justicia, la compasión, la fidelidad, la bondad amorosa, la dignidad del individuo y la santidad de la vida.


Este mismo principio, donde planteamos que Génesis 1 es una polémica, parte de un argumento con un trasfondo que es esencial para comprender la idea de que Dios creó a la humanidad a Su imagen, a Su semejanza. 


Este lenguaje no era desconocido para los primeros lectores de la Torá. Se trataba de un lenguaje que conocían bien. Era algo común en las primeras civilizaciones, Mesopotamia y el antiguo Egipto. Se decía que ciertas personas estaban hechas a imagen de Dios. Eran los reyes de las ciudades-estado mesopotámicas y los faraones de Egipto. 


Nada pudo haber sido más radical que afirmar que no solo los reyes y gobernantes son la imagen de Dios. ¡Todos lo somos! Si hoy día la idea sigue siendo audaz; ¡imagine cuánto más debió serlo en una época de gobernantes absolutos con poder absoluto! 


¡Visualiza cómo debieron sentirse los poderosos de la tierra al escuchar un mensaje tan radical!


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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