Algo para Pensar — Parashá Ha’azinu (viernes, 3 octubre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos  

“El necio no comprende, ni el insensato percibe esto: los malvados brotan como hierba y los inicuos florecen, pero solo para ser destruidos para siempre.” (Salmos 92:6-7)

Recientemente reflexionábamos sobre cómo el Talmud señala que, de todas las preguntas que Moisés planteó a Dios, la del sufrimiento humano quedó sin respuesta. 

Pero, ¿podemos encontrar en el Tanaj alguna pista que ilumine esta cuestión tan compleja? El Salmo 92, conocido como “el cántico del día de reposo”, nos ofrece algunas ideas. 

Aunque los malvados “brotan como hierba” y parecen prosperar, su destino es la destrucción. En contraste, los justos “florecen como palmeras y crecen como cedros del Líbano” (92:13). La hierba crece rápidamente, pero es efímera; un árbol, en cambio, tarda años en alcanzar su grandeza, simbolizando la perseverancia y formación de los justos.

A corto plazo, el mal puede parecer triunfante, pero a la larga, la justicia prevalece. Como expresó Martin Luther King, inspirado en este principio: “El arco del universo moral es extenso, pero siempre se inclina hacia la justicia.» Los imperios caen, las tiranías se desmoronan, y al final la bondad termina por imponerse.

Esta idea, aunque reconfortante, no es fácil de aceptar. Requiere confiar en que la justicia divina actúa en la historia, incluso cuando no la percibimos. Frente a esta dificultad, podemos considerar tres perspectivas alternativas:

  1. El nihilismo: La historia carece de sentido, es solo una lucha brutal por la supervivencia donde la justicia es mera ilusión, definida por el más fuerte. Esta visión, resumida en la frase “el hombre es un lobo para el hombre”, niega cualquier propósito trascendente.
  2. El dualismo: El mal no proviene de Dios, sino de una fuerza opuesta, como Satanás o el Diablo. Esta creencia, presente en diversas formas a lo largo de la historia, divide al mundo en buenos y malos, fomentando conflictos y violencia en nombre de una supuesta lucha contra el mal. Los sabios judíos, al rechazar esta idea de “dos poderes” (Berajot 33b), defendieron el monoteísmo puro, evitando esta peligrosa simplificación.
  3. El Mundo Venidero: La justicia final se manifestará en la vida después de la muerte. Aunque esta creencia es parte del judaísmo, el Tanaj pone énfasis en la vida terrenal. La pasión por la justicia no debe posponerse al más allá; debemos trabajar por ella aquí y ahora, luchando por la equidad, la compasión y la mejor expresión de la sociedad.

El Tanaj rara vez recurre a la idea del Mundo Venidero para explicar el sufrimiento. Dios no le promete a Job o a Jeremías que las respuestas llegarán en el cielo. El judaísmo nos desafía a asumir la responsabilidad: si hay injusticia, no debemos culpar a otros, sino actuar para corregirla.

Esta fe, aunque exigente, ha sido la fortaleza del pueblo judío. Tras cada tragedia, los judíos hemos encontrado fuerza en la humildad, reconociendo las fallas, pero reafirmando nuestro compromiso con la misión divina. 

Como Jacob tras su lucha con el ángel, emergemos heridos pero decididos a seguir adelante, atribuyendo nuestras victorias a Dios y nuestras derrotas a nosotros mismos.

De esta humildad nace nuestra resiliencia.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Deja un comentario

Trending