
Algo para Pensar — Parashá Ha’azinu(miércoles, 1 octubre de 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
“…Porque el nombre de El Eterno proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios.” (Deut. 32:3)
En esta Parashá, Moshé toma un rumbo diferente en comparación con las otras secciones de “Devarim”. Hasta ahora, Moshé enseñaba, repetía los mandamientos, o reprendía al pueblo por sus malas acciones.
En “Ha’azinu”, Moshé irrumpe en un cántico. No es la primera vez que Moshé participa en un canto; la “shirá” que se interpreta después de la partición milagrosa del mar es sin duda la más famosa de las canciones de Moshé.
Pero ese cántico fue la respuesta a una acción divina incomparable. Fue un canto inspirado por el éxtasis religioso. En un momento de arrebato; Moshé dirigió y todo el pueblo lo siguió.
Ahora, Moshé canta solo. La generación que había salido de Egipto ha muerto, y pronto él los seguirá a la tumba. Este parece ser un momento extraño para que se ponga a cantar, pero justo en esto es que radica la grandeza de nuestro Maestro.
Para comprender este planteamiento debemos echar un vistazo a un pasaje de la Guemará donde se describe un caso en el que alguien quiso cantar pero no se le permitió:
Cuando el malvado Nevujadnetsar arrojó a Jananías, Misael y Azarías al horno de fuego, el Santo, bendito sea, dijo a Ezequiel: “Ve y resucita a los muertos en la llanura de Dura.”Cuando él los resucitó, los huesos vinieron y golpearon al hombre malvado [Nabucodonosor] en su rostro. Él dijo: “¿Qué clase de [huesos] son estos?”[Sus cortesanos] le respondieron: «Su compañero está resucitando a los muertos en la llanura de Dura.”Entonces él prorrumpió en exclamación: “¡Cuán grandes son sus señales, y cuán poderosas sus maravillas! Su reino es un reino eterno, y su dominio es de generación en generación!”Rabí Itzjak dijo: ¡Que se vierta oro fundido en la boca de ese hombre malvado! Si un ángel no hubiera venido y lo hubiera golpeado en la boca, habría eclipsado todos los cánticos y alabanzas pronunciados por David en el Libro de los Salmos. (Sanedrín 92b)
La conclusión del pasaje es que Nevujadnetzar deseaba cantar pero no se le permitió, y que de haber cantado, sus cánticos de alabanza habrían rivalizado favorablemente con los del rey David — el dulce cantor de los “Tehilim.”
El pasaje es difícil: ¿Por qué mostraría Dios el milagro al pagano, si no fuera para que reconociera Su grandeza? ¿Y por qué sería golpeado Nevujadnetzar cuando finalmente se le ocurrió la idea de que hay un Dios más poderoso que él?
El Rebe de Kotzk aborda estos temas en este breve comentario:
Deseas entonar alabanzas mientras la corona está sobre tu cabeza. Me gustaría escuchar cómo cantas después de recibir una bofetada en el rostro. (Emet MiKotzk Titznach, p.37)
Muchas personas, después de sentirse inspiradas por una visión maravillosa, tienen la capacidad de entonar alabanzas. La grandeza de David HaMelej radicaba en su capacidad de cantar a pesar de las tragedias personales, sucesos que habrían quebrado el espíritu de un hombre de menor fortaleza.
El ángel vino a golpear a Nevujadnetzar. Si él hubiera cantado en ese momento, habría demostrado grandeza espiritual y verdadera humildad. Pero tras el golpe, Nevujadnetzar ya no se sintió inspirado. ¡Había perdido la oportunidad!
Ahora podemos apreciar la sublime grandeza de Moshé. Seguramente el canto entonado después de la partición del mar fue un momento de éxtasis religioso. Ese canto fue la primera vez que el pueblo cantó a Dios. Pero Moshé, como David, cantó incluso cuando las cosas no iban a su favor.
David cantó mientras huía de su hijo que intentaba usurpar su poder. Moshé cantó en el momento previo a su propia muerte.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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