Algo para Pensar — Parashá Ha’azinu (martes, 30 de septiembre de 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos  

¡Shalom, Shalom Lekulam!  

“Jesurún se volvió robusto y rebelde; engordaste, te hiciste pesado y grueso… Dejaron al Dios que los creó y menospreciaron a la Roca de su salvación… Abandonaste a la Roca que te formó; olvidaste al Dios que te dio vida.”  ( Deut. 32:15-18)

Moisés cierra la Torá con un mensaje esencial que recorre toda la narrativa desde el Génesis: Dios, creador del universo, diseñó un mundo intrínsecamente bueno, un concepto que se repite siete veces en el primer capítulo del Génesis. 


Sin embargo, son los seres humanos, dotados de libre albedrío por ser creados a imagen y semejanza de Dios, quienes introducen el mal en el mundo y enfrentan las consecuencias de sus actos. 


Por eso, Moisés insiste en que, ante los problemas y las tragedias, debemos mirar dentro de nosotros mismos en lugar de culpar a Dios. Él es justo y recto; el problema radica en nosotros, Sus hijos.  

Esta idea representa uno de los desafíos más profundos del judaísmo.

Surge una pregunta recurrente, planteada no por escépticos, sino por los grandes héroes de la fe: si Dios es justo, ¿por qué sufren las personas buenas? 


Esta inquietud resuena en las palabras de Abraham: “¿No hará justicia el Juez de toda la tierra?” (Génesis 18:25). Se repite en el cuestionamiento de Moisés: “¿Por qué has tratado mal a este pueblo?” (Éxodo 5:22). 


Y se escucha nuevamente en Jeremías: “Señor, reconozco Tu justicia, pero debo preguntarte: ¿por qué prosperan los malvados y viven felices los que actúan con maldad?” (Jeremías 12:1).  

Esta cuestión ha acompañado al pueblo judío a lo largo de los siglos. Se encuentra en la literatura rabínica, en las lamentaciones por las persecuciones medievales, en las reflexiones tras la expulsión de los judíos de España y en los ecos del Holocausto. 


El Talmud (Menajot 29b) relata un diálogo entre Dios y Moisés donde el Creador no ofrece una respuesta clara sobre el origen del mal y el sufrimiento, una explicación que, tres mil años después, todavía seguimos buscando.  

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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