Algo para Pensar — Parasha Vayelej (martes, 23 septiembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Pero ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos” (Deut. 31:18)

Continuación…


¿Cómo podemos ver una imagen clara, diáfana si nuestros «lentes» están opacos?

Fundamental para la teología judía es la idea de que el Todopoderoso creó un mundo imperfecto, incompleto: Yo soy el “que formo la luz y creo las tinieblas, el que hago la paz y creo el mal. Yo soy El Eterno el que hago todo esto” (Isaías 45:7). 

¿Quién perfeccionará y completará este mundo? Los socios de Dios somos nosotros los humanos, creados a imagen divina; el ser humano tiene libertad de elección y una porción de Dios Altísimo para ayudarle a tomar la decisión correcta y para darle poder de entronizar a Dios y permitir que la bondad reine (véase Aleinu, oración Al Kein después de cada Amidá).

¿Cuándo alcanzaremos este nivel de perfección? 

Cuando la humanidad aprenda a vivir en paz, supere el instinto maligno, respete a cada ser humano como libre e inviolable, y dedique sus capacidades a curar enfermedades y resolver los problemas de las calamidades naturales, cuando todos los malvados de la tierra se vuelvan hacia Dios y a Sus leyes. 

En ese momento Dios se manifestará en el mundo, Él y Su nombre se volverán Uno, y el mundo será perfeccionado bajo la soberanía de lo Divino.

Dios creó tal mundo porque tiene plena confianza en que Sus socios/as finalmente se arrepentirán, repararán y perfeccionarán a la humanidad y al mundo. ¡Hasta que este estado ideal se realice, el rostro de Dios permanecerá oculto, Su gloria y Su bondad no estarán totalmente en evidencia!

Pero, ¿qué sucede cuando el ser humano que sufre interpreta el ocultamiento divino no como indiferencia si no como castigo?

De esto continuaremos hablando mañana.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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