Algo para Pensar — Parasha Vayelej (domingo, 21 septiembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shavua Tov Lekulam!


La parashá Vayelej (en hebreo: «y él fue») corresponde a Deuteronomio 31:1-30 y es la 52ª porción semanal del ciclo anual de lectura de la Torá. Es una de las parashot más cortas, con solo 30 versículos. A continuación, leerás un resumen claro y conciso de su contenido:

Resumen:
La parashá Vayelej tiene lugar en las estepas de Moab, justo antes de que los israelitas entren en la Tierra Prometida. Moisés, sabiendo que su muerte está cerca, da sus instrucciones finales al pueblo y prepara la transición de liderazgo a Josué.

1. Moisés anuncia su retiro y el liderazgo de Josué (Deut. 31:1-8):  
Moisés, a los 120 años, declara que Dios le ha prohibido cruzar el río Jordán hacia la Tierra Prometida. Anuncia que Josué será su sucesor y lo exhorta a ser fuerte y valiente, asegurándole que Dios estará con él y con el pueblo para conquistar la tierra. Moisés anima a los israelitas a no temer a las naciones de Canaán, pues Dios los acompañará y no los abandonará.

2. La entrega de la Torá escrita y la mitzvá de Hakhel (Deut. 31:9-13):  
Moisés escribe la Torá (probablemente refiriéndose a partes del Deuteronomio o al poema que sigue en la próxima parashá) y la entrega a los sacerdotes (kohanim) y ancianos para que sea custodiada. 


Ordena que cada siete años, durante la festividad de Sucot en el año sabático, se realice la ceremonia de Hakhel, en la cual todo el pueblo — hombres, mujeres, niños y extranjeros — debe reunirse para escuchar la lectura pública de la Torá. Esto asegurará que las generaciones futuras teman a Dios y cumplan sus mandamientos.

3. Predicción de la infidelidad del pueblo y el mandato de escribir un cántico (Deut. 31:14-30):  Dios llama a Moisés y Josué al Tabernáculo de Reunión (Ohel Moed) y les revela que, tras la muerte de Moisés, los israelitas se apartarán del camino de Dios, adorarán ídolos y violarán el pacto. Como consecuencia, Dios ocultará Su rostro (es decir, retirará Su protección), y el pueblo enfrentará dificultades. 


Para prepararlos, Dios ordena a Moisés escribir un cántico (que aparecerá en la próxima parashá, Ha’azinu) como testimonio contra el pueblo, para que recuerden sus obligaciones incluso en tiempos de rebeldía. Moisés completa la escritura de la Torá, la entrega a los levitas y les ordena colocarla junto al Arca del Pacto.


Reflexión
“Pero ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos” (Deut. 31:18)

Justo antes de las bendiciones que Moisés otorgará al final del Deuteronomio que Moisés otorgará en nuestra sección de Vayelej, así como en Haazinu, aparece una advertencia terrible y aterradora para la nación.

Durante los cuarenta años a partir del Éxodo de Egipto, Dios se ha estado revelando de una manera nunca antes vista, pero en Parashá Vayelej sucede algo singular: Dios le dice a Moisés lo que sucederá cuando los hijos de Israel adoren a otros dioses: un castigo en el que Él mismo se mantendrá “oculto”. 

La ocultación es algo con lo que todos estamos familiarizados. En un mundo como el nuestro, donde experimentamos la maldad y el sufrimiento, uno de los clamores más comunes es: “¿Dónde está Dios?” La respuesta religiosa es: “Dios no está muerto, simplemente está oculto” (hester panim).

Pero, ¿podemos reducir la brecha que existe entre un Dios oculto y un Dios revelado? Estamos frente a uno de los problemas teológicos más espinosos en el judaísmo (o en cualquier religión): cómo abordar el asunto de un Dios oculto, o dicho en términos más familiares, en un mundo que parece carecer de la bondad y la justicia de Dios, un mundo en el que los malvados quedan impunes mientras los justos sufren trágicamente, dónde está Dios. 

En su obra pionera La fe después del Holocausto, el rabino Eliezer Berkowitz explora este concepto del “ocultamiento” de Dios tal como aparece en diferentes contextos de la Torá. Me gustaría repasar estos aspectos para intentar vislumbrar la noción divina de justicia en este mundo.

El texto bíblico citado anteriormente presenta a un “Dios oculto” como CASTIGO por abandonar Sus caminos al pecar. Dios se oculta, y cuanto más pequemos, más escondido se tornará el rostro de Dios. 

Esta idea donde el ocultamiento es visto como un castigo resulta ser muy lógica si postulamos la mutualidad de la relación entre Dios y el ser humano; el Todopoderoso se relacionará con nosotros en proporción directa a cómo nos relacionemos con Él. Si nos ocultamos de Él, si nos alejamos de Sus caminos de compasión y bondad amorosa, de igual manera Él se ocultará de nosotros, pareciendo distannte de nuestras tragedias y sufrimientos.

Hay un segundo aspecto que no tiene ningún tipo de relación con el castigo; el rostro oculto de Dios también puede ser una expresión de INDIFERENCIA DIVINA. De esto hablaremos mañana.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR) 

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