Algo para Pensar — Parasha Nitzavim (viernes, 19 septiembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shabbat Shalom Lekulam!


«Y será que cuando vengan sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, (וַהֲשֵׁבֹתָ֙ אֶל־לְבָבֶ֔ךָ) y las hagas volver a tu corazón entre todas las naciones adonde el Señor tu Dios te haya dispersado.»  (Deut. 30:1)


Si tuvieras que identificar cuál es el asunto más importante en los discursos de los profetas, ¿cuál sería tu respuesta? 


¡Sin lugar a dudas, es teshuva, regresar a Dios! Cada profeta formuló el tema en términos relevantes al contexto de su propio tiempo, relacionándolo con la política internacional, la rectitud nacional o la moralidad personal. Cada profeta convocó a sus contemporáneos a volver a Dios y a cumplir la voluntad divina a nivel personal. 

El origen de este significativo precepto judío se encuentra en la parashá de esta semana. En el clímax de la exhortación y el mandato de hacer teshuvá leemos tres palabras que son inusuales: (וַהֲשֵׁבֹתָ֙ אֶל־לְבָבֶ֔ךָ)“Vahashevota el levaveja”, “Y volverás a tu corazón.” (Deut. 30:1) 

A partir del texto, resulta evidente que la Torá considera al “lev”, corazón, como el lugar de las expresiones más nobles y elevadas del ser humano — en el lenguaje de la tradición judía hablamos del yetzer tov”, “inclinación al bien.”

Sin embargo, esto resulta sorprendente. Pues estamos familiarizados con el pasaje de la Torá que leemos dos veces al día en el “Shema”, en el cual se nos advierte: (וְלֹֽא־תָתֻ֜רוּ אַחֲרֵ֤י לְבַבְכֶם֙) “velo taturu aharei levavkhem”, “y no se desvíen tras sus corazones” (Números 15:39). 

El corazón, en otras palabras, es la fuente de nuestra debilidad moral, nuestra propensión a la corrupción, o nuevamente en la terminología de la tradición judía, nuestro “yetzer hara,”  nuestra inclinación al mal.

¿Es el corazón fuente de nuestra nobleza o de nuestra degeneración, de nuestra buena inclinación o de nuestras malas tendencias? 

Esta pregunta no es, por supuesto, biológica. La palabra “lev,” “corazón,”  en el lenguaje de la Torá, se interpreta como un símbolo de nuestras capacidades de pensar y sentir, y como tal es el término que usamos para nuestra naturaleza fundamental.

Por lo tanto, cuando preguntamos si la Torá considera que el corazón se identifica principalmente con el “yetzer tov” o con el “yetzer hará,” estamos planteando una pregunta profundamente espiritual y antropológica: ¿Cuál es la naturaleza del ser humano según la Torá?

En el pensamiento occidental, la opinión generalmente se ha agrupado en torno a dos actitudes opuestas, representadas por Rousseau y Freud

Rousseau creía que el hombre es esencialmente un «buen salvaje», que sus instintos son puros y constructivos, pero que la sociedad lo corrompe. Freud, por el contrario, sostenía que la naturaleza esencial del hombre es su «id» o libido, que es avariciosa, adquisitiva y sexual, pero que estos instintos primarios son modificados por la sociedad en forma del superyó. 

Para Rousseau, entonces, el «lev» del ser humano es esencialmente el «yetzer tov»; para Freud, es el hogar y la fuente del «yetzer hará».

¿Qué dice entonces el judaísmo? Por supuesto, el judaísmo postula tanto un «yetzer tov» como un «yetzer hará». La naturaleza humana tiene dos caras: una buena y otra mala, una constructiva y otra destructiva. No somos ni completamente bestias ni completamente ángeles. 

Sin embargo, es importante preguntarnos: ¿Cuál de estas dos cualidades antípodas, en tensión entre sí, predomina? ¿Cuál describe nuestra naturaleza más fundamental: nuestra inclinación al bien o a la maldad?

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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