Algo para Pensar — Parasha Nitzavim (martes, 16 septiembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Vosotros todos estáis hoy en presencia de El Eterno vuestro Dios; las cabezas de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales, todos los varones de Israel; vuestros niños, vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campamento, desde el que corta tu leña hasta el que saca tu agua; para que entres en el pacto de El Eterno tu Dios, y en su juramento, que El Eterno tu Dios concierta hoy contigo para confirmarte hoy como su pueblo…” (Deut. 29: 10-13)


Un poco más adelante, en el libro de Josué dice: “Y todo Israel y sus ancianos, sus cabezas de tribus y sus jueces… Sacerdotes y levitas, la mitad frente al monte Gerizim y la mitad frente al monte Ebal… Josué leyó todas las palabras de la Torá, la bendición y la maldición.” (8:33-34)


¿Por qué debe Moisés hacer un pacto con las naciones “hoy,” en las llanuras de Moab, tan similar al Pacto que pronto se hará con Josué en el monte Gerizim y el monte Ebal?


El Midrash Tanhuma, citado por Rashi proporciona una importante perspectiva al enseñarnos que lo que generó el Tercer Pacto fue el pecado de la adoración al Becerro de Oro. 


Se podría haber pensado que una vez los israelitas se organizaron y adoraron al becerro de oro — solo cuarenta días después de haber ratificado el pacto en el Sinaí bajo la supervisión de Moisés — su malvado acto de traición e infidelidad, idolatría y adulterio, habría abrogado el pacto para siempre. 


Por lo tanto, el Todopoderoso entra en un tercer pacto durante la vida de Moisés como una afirmación de la verdad en la que se reconoce que un contrato sí puede ser roto, pero un pacto es IRREVOCABLE.


A pesar de la rebeldía de Israel, su pacto con Dios es que – ÉL – siempre está dispuesto a aceptar nuestro arrepentimiento y que éste permanece eternamente validado. “Has provocado una gran ira al Todopoderoso, sin embargo no has sido destruido, y he aquí que estás de pie aquí hoy.”


Pero, ¿podemos hallar otro significado para este tercer pacto? Por supuesto, y al hacerlo, se podría explicar porqué y cómo los israelitas pudieron haber caído en la idolatría tan pronto después de la incomparable revelación en el Sinaí. Además, aprovecharemos para echarle un breve vistazo al peculiar lenguaje del Tercer Pacto.


Lo que inicialmente llama la atención del Tercer Pacto — y la forma en que se diferencia claramente de sus predecesores — es su componente democrático.

Cada israelita es convocado incluyendo, desde el presidente de la junta hasta el humilde aguador: «los jefes de vuestras tribus… vuestros pequeños, vuestras esposas, y el forastero que está en vuestro campamento, hasta el leñador y el aguador» (Deuteronomio 29:10-11). En términos del mundo antiguo, ¿qué podría ser más inclusivo y democrático?


Esta asamblea pública contrasta marcadamente con el pacto del Sinaí, como se registra en la Parashá Mishpatim: «Todos ustedes deben inclinarse a distancia. Solo Moisés se acercará a Dios. Los demás no podrán acercarse, ni el pueblo podrá subir con él» (Éxodo 24:1-2). La extraordinaria demostración de la trascendental presencia de Dios en el Monte Sinaí requirió advertencias y límites. 


Es evidente que la Revelación estaba dirigida a toda la nación, pero Dios le habló a Moisés de una manera especial y única; advirtió al resto de la nación que se mantuviera alejada del fuego frenético de la fe, que tiene la capacidad tanto de consumir como de construir.

Por lo tanto, fue Moisés quien recibió la mayor parte de la Revelación sirviendo como intermediario para transmitir la voluntad divina a toda la nación (Deut. 5:4, 20-25).


Partiendo de esta base, podemos comprender fácilmente porqué y cómo los israelitas sucumbieron a la idolatría tan pronto después de la Revelación. Dado que la casi totalidad de lo sucedido en el Sinaí giraba en torno a Moisés, cuando éste no descendió del monte a la hora prevista, el pueblo se sintió desamparado y huérfano. 


Al fin y al cabo, la nación se relacionaba más con Moisés que con Dios, y en su momento de miedo y desesperación, debido a la ausencia del Caudillo, recurrieron a los ídolos egipcios que ya conocían de antemano.


En nuestra porción de Nitzavim, entra el pacto, el pacto que enfatiza la verdad de que Dios tiene una relación única con cada israelita: judío y extranjero, hombre y mujer, rico y pobre, anciano y niño, leñador y jefe tribal, y no sólo con Moisés o la élite de eruditos y piadosos.

El Tercer Pacto intenta corregir la impresión errónea previa de que Dios se preocupaba principalmente por la élite religiosa; ¡Dios hace un pacto con cada israelita!

Además, a diferencia del Pacto del Sinaí, el pacto actual considera no solo a la totalidad de los israelitas, una reunión de carácter horizontal, sino también un pacto vertical, que se extiende tanto hacia atrás como hacia adelante, abarcando incluso a generaciones pasadas y futuras: «No solo con vosotros hago este pacto… sino también con los que no están aquí con nosotros hoy» (Deut. 29:13-14). 


El Tercer Pacto abarca a todo el Israel histórico, la Knesset Israel en su totalidad, pasada, presente y futura; enfatiza el aspecto histórico y eterno de la relación entre Dios e Israel, que lo abarca todo.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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