Algo para Pensar — Parashá Ki Tavó (viernes, 12 de septiembre de 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shabat Shalom Lekulam!  

“El vino que alegra el corazón del hombre…” (Salmo 104:15)  

De acuerdo con la Torá, el vino es símbolo de alegría. Los sabios del Talmud lo ven, ante todo, como una expresión de santidad (kedushá), por lo que se utiliza en la bendición del Kiddush para dar inicio al Shabbat y a las festividades. 

¿Por qué el vino y no otra bebida?
No es solo por su capacidad de generar gozo, sino por el elaborado proceso que lo transforma en un emblema sagrado. Convertir una uva en vino requiere:  

1) Cultivar y atender la vid con esmero.  
2) Recolectar las uvas y seleccionar los racimos.  
3) Prensarlas y fermentar el jugo con cuidado y precisión.  

Este laborioso proceso distingue al vino (uva) de otras frutas. Por ello, la bendición para el vino es “borei peri hagafen” (Creador del fruto de la vid), mientras que para la uva se usa “borei peri ha’etz” (Creador del fruto del árbol). 


El esfuerzo, la habilidad y la dedicación que se debe realizar convierten al vino en un reflejo de santidad, además de una fuente de felicidad.  

El rabino Joseph B. Soloveitchik explicaba que la santidad surge del esfuerzo humano


Por ejemplo, el pan, a diferencia de las frutas, verduras o carne, recibe tres bendiciones bíblicas y una rabínica tras consumirlo, porque su elaboración implica once etapas que transforman el simple grano de trigo en el “sustento de la vida”.


Monte Sinaí y Monte Moriah 


El Monte Sinaí fue santo solo mientras la Presencia Divina estuvo allí durante la entrega de las Diez Palabras. Al desaparecer esa presencia, su santidad se desvaneció, y hoy su ubicación exacta es incierta. 


En cambio, el Monte Moriah (Monte del Templo) posee una santidad permanente. Allí, Abraham demostró una entrega absoluta al estar dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac, un acto de compromiso humano supremo. Este esfuerzo eleva a Moriah como el lugar más sagrado.  

Lección para nosotros/as:

La uva debe pasar por un proceso de trabajo, prensado y fermentación para convertirse en vino, que luego se sublima en los rituales de alegría sagrada. De manera similar, la verdadera santidad y la felicidad auténtica solo emergen tras un esfuerzo intenso y dedicado al servicio de lo Divino. 


Servir a Dios con alegría es el resultado de un trabajo arduo y comprometido.  

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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