Algo para Pensar — Parasha Ki Teitzei (miércoles, 3 septiembre  2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!

“Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y El Eterno tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos, y vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer…” (Deut. 21: 10-11)

En Ki Tetzeh encontramos una aventura de guerra, victoria y amor que tiene algunos de los elementos para una gran película de Hollywood.

Hay quienes optan por interpretar todo el pasaje de manera figurativa, especialmente porque esta porción está dentro de los treinta días antes de Rosh HaShaná; época del año cuando todos salimos y nos preparamos para luchar contra la inclinación al mal, ese enemigo que cada uno lleva dentro. 


Aunque resulte atractiva la interpretación figurada, lo cierto es que ningún pasaje debe ser separado de su significado literal. Por lo tanto, considerar la actitud relativamente permisiva de la Torá hacia la pasión de nuestro soldado resulta inevitable, particularmente porque es evidente la presencia de un conflicto con su identidad religiosa-nacional.


Llegamos al borde del precipicio buscando entender cómo un individuo templado, involucrado en combates cuerpo a cuerpo, con la muerte detrás de su oreja, puede caer preso de su instinto más primitivo como si se tratara de una forma donde se confirma el hecho de que todavía está vivo y puede amar a pesar de haber sido entrenado para matar.


De hecho, si alguna vez hemos pensado en el judaísmo como una religión puritana que no se preocupa por los halagos sexuales, aquí hay algo que nos hace pensar.  Rashi comenta con gran sentido: «La Torá habla solo considerando la mala inclinación de una persona. Pues si Dios no le hubiera permitido casarse con ella, se habría casado con ella, aunque bíblicamente le estuviera prohibida.»


Pero, ¿qué dice realmente la Torá sobre la «consideración de la inclinación al mal»? ¿Nos permiten nuestras Escrituras ceder a nuestro deseo, aunque sea moderadamente, para evitar un grave brote de libertinaje, o nos enseña la Torá cómo superar nuestros malos deseos por completo?


La respuesta a esta pregunta estriba en una diferencia interpretativa sobre este tema entre dos grandes autores de la exégesis bíblica. Maimónides, por un lado, dictamina que un soldado debe tener derecho a tener relaciones sexuales con «la hermosa cautiva gentil» una sola vez antes de que comience el mes de espera y duelo, pero solo una vez. Luego la lleva a casa y debe seguir los pasos que ordena la Torá para disuadir a ambos de casarse. Solo si él sigue sintiendo lo mismo por ella al verla en su hogar, y solo si ella está dispuesta a abandonar su estilo de vida anterior y convertirse al judaísmo, se les permite casarse (Mishneh Torá, Leyes de los Reyes 8:1-6). 


Maimónides considera que, para que el «experimento» tenga éxito, es necesario eliminar la «dulzura» del «fruto prohibido» permitiendo un único acto de intimidad antes de que el proceso de alienación y conversión pueda comenzar propiamente.


Nahmanides, en contraste y en línea con el Talmud de Jerusalén, establece que a la mujer no se le permite estar con el soldado ni siquiera una vez antes de llevarla a su casa, primero debe concluir los pasos preparatorios de un mes de duración y entonces podrá tomarla por esposa.


Resulta evidente que Maimónides adopta un enfoque más pragmático, entiéndase: ceder un poco para no perder la batalla. El Rebe de Kotsker era conocido por una agudeza inusual, y con su característica veracidad, describió en una ocasión el poder de la inclinación al mal de la siguiente manera: «Muchos afirman que hay que romper el yetzer hará, pero a menudo, al romper una cadena, quedan dos.» En otras palabras, combatir el yetzer hará con todas tus fuerzas puede ser contraproducente.


La historia del soldado enamorado aborda lo que puede ser una actitud común hacia la inclinación al mal: la inutilidad de intentar destruirla por completo. Por lo tanto, Maimónides permite un solo acto de intimidad, dictaminando de acuerdo con los sabios del Talmud (Kidushin 21b), quienes sostienen que es preferible ceder un dedo para salvar la mano entera.


Najmánides, quien podría coincidir en que el «yetzer hará» es muy poderoso, podría argumentar que el resultado es el contrario: si le das un dedo al enemigo, al final te quitará la mano. Por lo tanto, entiende que los versículos de la Torá ofrecen consejos sobre cómo vencer por completo el instinto maligno. Prométele la conquista sexual, pero solo después de seguir un complejo procedimiento que, según él, generalmente la llevará a una aceptación voluntaria e incluso gozosa del judaísmo; solo entonces podrán casarse de acuerdo con «las leyes de Moisés y de Israel».


¿Con cuál de los dos estás de acuerdo?

 
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Deja un comentario

Trending