
Algo para Pensar — Parasha Ki Teitzei (martes, 2 septiembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Cuando entregares a tu prójimo alguna cosa prestada, no entrarás en su casa para tomarle prenda. Te quedarás fuera, y el hombre a quien prestaste te sacará la prenda.Y si el hombre fuere pobre, no te acostarás reteniendo aún su prenda. Sin falta le devolverás la prenda cuando el sol se ponga, para que pueda dormir en su ropa, y te bendiga; y te será justicia delante de El Eterno tu Dios.» (Deuteronomio 24:10-13)
¿Qué respuesta tiene el Judaísmo a la propuesta planteada por B F Skinner?
El judaísmo siempre ha defendido la libertad humana.
Políticamente, casi todas las festividades importantes conmemoran el Éxodo de Egipto. Psicológica y moralmente, es inconcebible hablar de la Torá sin libertad. El concepto de teshuvá (arrepentimiento), tan predominantemente presente durante el mes de Elul, se basa en la idea de libertad: una persona es libre de cambiar de rumbo solamente si tiene la capacidad para arrepentirse.
El judaísmo también ha demostrado una gran sensibilidad hacia la dignidad humana. Tanto la libertad como la dignidad se derivan de haber sido creados a imagen de Dios. La humanidad se asemeja y refleja a la Divinidad, y por lo tanto, también refleja la libertad y la dignidad divina. Así, la Halajá opera con el concepto de kevot haberiyot (dignidad humana).
Una perspectiva interesante sobre este concepto de dignidad humana que encontramos, no explícita sino implícitamente, fue planteado por uno de nuestros comentaristas posteriores en una de las leyes mencionadas en la parashá de esta semana. Leemos sobre la ley del divorcio (Deuteronomio 24:1), que establece que si un hombre encuentra «ervat davar» (literalmente: «algo inmoral») en su esposa, debe escribirle una carta de divorcio.
Los rabinos, al principio de la historia judía, estaban divididos sobre el significado de «ervat davar» como causal de divorcio. La Casa de Shamai sostenía que debía tomarse literalmente: solo la inmoralidad de la esposa constituye causal de divorcio. La Casa de Hillel sostenía que las palabras deben entenderse metafóricamente y, por lo tanto, cualquier incompatibilidad entre esposo y esposa, incluso si es menor o trivial, es motivo suficiente de divorcio. Rabí Akiva fue aún más allá. Sostuvo que las causas de divorcio son casi ilimitadas: incluso si el esposo encuentra una mujer más hermosa con la que desea casarse, puede divorciarse de su primera esposa.
Los comentaristas de generaciones posteriores quedaron impactados por las declaraciones de Rabí Akiva. ¿Es Akiva insensible a la protección de las mujeres judías? ¿Quiere decir que una esposa puede convertirse en una mujer divorciada sin ton ni son, simplemente porque el esposo se enamoró de otra mujer a la que encuentra más hermosa?
Esto en el caso de Rabí Akiva es especialmente desconcertante porque además de ser el mayor erudito del judaísmo en todos los tiempos, también fue un hombre ejemplar en su profunda devoción a su esposa.
El autor de la Torah Temima** nos ofrece una maravillosa perspectiva al leer entre líneas los planteamientos hechos por los Rabinos. El Rabino Akiva y la Casa de Hillel, dice, ambos se basaron en la Torá considerándola una fuerza educativa para la vida familiar.
Sentían que a lo largo de los tiempos crearía las condiciones en las que las personas no desmantelarían sus hogares por razones tontas y triviales. A ellos les preocupaba más que cuando una mujer enfrenta el estatus de divorciada no sea estigmatizada, que no la condenemos a vivir bajo una nube de sospecha de inmoralidad.
Si los principales motivos que el judaísmo admite para el divorcio son los de inmoralidad, entonces cada divorciada sería presumida como inmoral. La forma en que la Casa de Hillel y el Rabino Akiva formularon la ley, debemos aceptar que abre la puerta a que la culpa sea del esposo, o culpa de ambos, o culpa de ninguno. El bienestar del individuo, sus derechos a la dignidad y la felicidad, están protegidos por la Halajá al interpretar y aplicar el mandamiento escritural.
Sin embargo, también es cierto que las reclamaciones de la comunidad no deben ser desestimadas a la ligera. La libertad de la humanidad no es absoluta. Nuestra dignidad a menudo debe ceder ante una dignidad superior, ante otros valores. Cuando éstos entran en conflicto, debemos buscar un equilibrio entre ellos. Mañana continuaremos…
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
** La Torah Temimah (תורה תמימה, significa «La Torah de Hashem es perfecta», según Salmos 19:8) es una obra fundamental del judaísmo, escrita por el rabino Baruch Epstein y publicada en 1902. Se trata de un comentario exhaustivo sobre la Torá (los cinco libros de Moisés: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) y los Cinco Megillot (Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés y Ester).




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