Algo para Pensar — Parasha Shoftim (jueves, 28 agosto 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!

Continuación de la reflexión anterior…«Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz….» 

Una vez más, si la Torá es tan sensible ante la pérdida de la vida de una sola persona, ¿cómo puede nuestra Ley Sagrada ordenar que destruyamos a mujeres y niños?

En primer lugar, podríamos argumentar que un árbol frutal, que proporciona a los seres humanos nutrición y los medios para vivir, es más beneficioso que un individuo nacido en un entorno en el se que predica la muerte a todos los que rechazan el fundamentalismo yihadista o que no superan la prueba del elitismo ario. Tales individuos son insignificantes, porque están empeñados en destruir la sociedad libre.


El rabino Naftali Tzvi Yehuda Berlin (finales del siglo XIX), decano de la Yeshivá Volozhin, en su magistral comentario bíblico conocido como «Ha’amek Davar», ofrece el inicio de una segunda respuesta a nuestra pregunta inicial.


Él insiste que cuando la Biblia ordena que «destruyamos por completo» incluso a mujeres y niños (como también ordena en Deuteronomio 7:1-2), esto se limita a «aquellos que se reúnen contra nosotros en la batalla; los que permanecen en casa no serán destruidos por nosotros». 


Es casi como si la Biblia tuviera en cuenta nuestra guerra actual contra los palestinos, quienes envían a mujeres jóvenes y niños al fragor de la batalla como señuelos, encubriendo a terroristas suicidas y homicidas. 


Estamos entrenados para ser compasivos, incluso en medio de la guerra; sin embargo, aquellos que se alzan para asesinar a inocentes, aun cuando los asesinos sean niños, deben ser asesinados para que la humanidad sobreviva y el bien triunfe sobre el mal. 


La guerra apesta; pero, por el bien de una humanidad libre, a veces no tenemos más opción que destruir el mal para que prevalezca el bien. 

Michael Walser, en su clásico «Guerras justas e injustas»*, sostiene que la vida de un soldado no vale más que la de una víctima inocente. Pero debemos añadir que si la «víctima inocente» se ha dejado llevar por la maldad del enemigo, o si el enemigo es un terrorista que libra la guerra deliberadamente desde las zonas residenciales porque conoce nuestros principios éticos, no podemos permitir que se posicione dando paso a que el mal triunfe. 


Hanniyah**, el expresidente del grupo terrorista Hamás, recorría las calles de Gaza no con corpulentos guardaespaldas, sino con cinco niños pequeños, sabiendo que los israelíes no se arriesgarían a hacerles daño. Cuando permitimos que Hanniyah caminara libremente con sus «guardaespaldas», es algo que me llena de orgullo todo judío, pero también de un gran conflicto interno.


Sí, debemos esforzarnos al máximo por librar una guerra moral; pero moralmente, jamás debemos permitir que triunfe la inmoralidad. Nuestros sabios enseñan correctamente: «¡Quienes son compasivos con los crueles terminan siendo crueles con los compasivos!» 

Sin permitir que triunfe la inmoralidad, las FDI rigen sus acciones desde la compasión hacia los inocentes, incluso en una zona de  combate.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


Notas

* Es un clásico de la filosofía política y moral que examina la ética de la guerra. Publicado en 1977, el libro aborda la guerra como una prueba extrema para la humanidad y analiza su legitimidad.

** Haniyeh fue asesinado el 31 de julio de 2024 en Teherán, Irán, en un ataque atribuido a Israel, mientras asistía a la investidura del presidente iraní Masoud Pezeshkian.

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