Algo para Pensar — Parashá Vaetjanán (domingo, 3 agosto 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


Esta semana estudiaremos Parashá Vaetjanán. Esta es la 45.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.

Porción de la Torá: Deuteronomio 3:23-7:11


Vaetjanán (“Y supliqué”) comienza con Moisés describiendo su súplica a Dios para que le permitiera entrar a la Tierra de Israel. Moisés advierte a los israelitas que no caigan en la idolatría y relata la entrega de los Diez Mandamientos. La porción también contiene el Shemá, una declaración de fe y un texto central en la oración judía.


«Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está El Eterno, nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? (Deuteronomio 4:7)


Moisés les dice a los hijos de Israel: «¿Qué gran nación tiene un dios tan cerca como Hashem, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?» (4:7). En una interpretación estricta, este versículo se refiere a la constante accesibilidad de Dios, a que podemos acudir a Él en oración en cualquier momento. 


Nunca debemos pensar que Dios no tiene interés en escuchar nuestras oraciones excepto en las Altas Fiestas, o solo en la sinagoga durante el Shabat. La puerta de la oficina de Dios «siempre que lo invocamos» está abierta. En cualquier momento, los 365 días del año, una persona puede orar porque, «He aquí, Él no duerme ni dormita, el Guardián de Israel.»

A diferencia de los líderes mortales, con quienes primero se debe concertar una cita — e incluso entonces, no se garantiza necesariamente una audiencia — Dios está disponible para nosotros en todo momento, durante todo el año.


Pero este versículo también se presta a una interpretación alterna. Quizá establece que, así como no hay restricción sobre cuándo podemos recurrir a Dios, tampoco la hay sobre el tipo de peticiones que podemos presentarle. Es obvio que podemos y debemos recurrir a Dios cuando hay una persona gravemente enferma, por alguien que perdió su empleo y necesita urgentemente un medio para ganarse la vida, o por alguien que busca una pareja con quien casarse.

Estos son, por supuesto, asuntos muy serios por los que debemos orar al Todopoderoso. Pero, ¿acaso debemos incomodar a Dios por asuntos de menor urgencia o relevancia? ¿Es correcto que una persona ore mientras se dirige hacia la ciudad para encontrar un lugar donde estacionarse, o para que su hijo piense con claridad durante el examen que tomará ese día?


Lo cierto es que Moisés nos dice que Dios está cerca de nosotros «siempre que lo invocamos.» Ya sea que le oremos por asuntos muy críticos o menos críticos, Él escucha. No existe tal cosa como «molestar» al Todopoderoso. Al contrario, uno debe acostumbrarse a hablar con Dios con regularidad, a presentarle incluso las peticiones más sencillas. 


Cuando una persona añade las palabras «Be’ezrat Hashem» (con la ayuda de Dios) o «Im Yirseh Hashem» (si Dios quiere) al hablar de sus planes, expresa su conciencia del control absoluto de Dios sobre su vida.

Cuando alguien dice: «Voy de compras esta tarde, si Dios quiere», o «Con la ayuda de Dios estaré en la ciudad esta tarde,» en realidad está diciendo que no puede llegar a la tienda ni a la ciudad sin la ayuda de Dios. Hay una amplia gama de factores con la capacidad de impedir que una persona llegue a la tienda o entre a la ciudad.

Por lo tanto, un judío/a creyente debe recordar que incluso estos asuntos aparentemente triviales están en manos de Dios, y por lo tanto, estas inquietudes justifican una oración.


«¿Qué gran nación tiene dioses tan cerca como Hashem, nuestro Dios, cuando lo invocamos?» Sea cual sea el problema, grande o pequeño, ¡tenemos acceso ilimitado a la compasión divina! Un judío/a (y no-judío también) puede orar por cualquier cosa y tener la plena confianza de que Dios le escucha.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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