Algo para Pensar — Parasha Pinjás (Shabbat, 19 julio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shabbat Shalom Lekulam!


“¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre.” (Números 27:4)

¿Cuál fue la motivación fundamental subyacente de estas cinco destacadas hijas de Tzelofhad, a quienes los sabios del Talmud alaban como mujeres de “sabiduría, ingenio analítico y rectitud” (hakhmaniot, darshaniot, tzidkaniot; Bava Batra 119b)? ¿Buscaban sus derechos de herencia a la tierra en Israel o buscaban los derechos de su padre a la tierra en Israel para su progenie?

Analicemos el texto bíblico en un intento de entender cuál fue su verdadera motivación. Según la queja que presentaron ante Moisés: “¿Por qué debería ser menospreciado el nombre de nuestro [fallecido] padre” al no darnos los derechos de herencia sobre su tierra? (Números 27:4). 

Lo que se aprecia a simple vista indica que no se estaban enfocando en una injusticia que se estaba cometiendo contra ellas, sino más bien en una injusticia que se estaba haciendo a su padre: sin un heredero para su tierra, el nombre de su padre de alguna manera estaba siendo menospreciado, reducido, mientras él estaba enterrado en su tumba.

El asunto está en el cómo debemos interpretar estas palabras.

Se ha dicho, con razón que casi todos los individuos tienen tres nombres:

(1)el nombre que le dieron sus padres, el que suele expresar de alguna manera las aspiraciones que tenían para él;

(2) el nombre por el que lo llaman sus amigos, el cual expresa cómo lo ven sus pares;

(3)y el nombre que él mismo se da, comunicando el grado en que ha logrado superar sus limitaciones recreándose a sí mismo.

Pero hay un cuarto nombre, que quizás sea el más importante de todos: el nombre que el individuo deja después de su muerte.

La manera más obvia en que se transmite y continúa el nombre de uno hacia el futuro es a través de un hijo o una hija, en hebreo “ben” o “bat”, que derivan del verbo B-N-H, construir; nos construimos hacia el futuro a través de los hijos que dejamos, o los estudiantes, las personas, los diversos individuos que hemos podido nutrir y apoyar, influenciar o tocar significativamente en nuestras vidas, aun cuando nunca hubiéramos tenido hijos biológicos. 

En palabras de nuestros sabios, “‘y enseñarás Torá a tus hijos’ que se refiere a tus estudiantes, que son considerados como tus hijos.” Aquellos que, gracias a nosotros, continúan los valores y el estilo de vida de ese legado que hemos recibido de nuestros antepasados y que somos responsables de transmitir a la próxima generación se convierten en las historias adicionales de nuestra construcción conjunta, nuestra puerta de entrada al futuro, nuestra continuidad hacia la eternidad.

¿Con qué nombre serás recordado cuando ya no estés en este mundo?

Estas cinco mujeres no sólo lucharon por la justicia, sino que defendieron el honor y la continuidad del legado de su padre. Su lucha nos enseña que el impacto de nuestras palabras y acciones trascienden el tiempo presente alcanzando a las generaciones futuras.

Tu nombre puede vivir eternamente, pero hay una condición. Tienes que alcanzar a los que continuarán vivos después que tú mueras. ¡Solo los vivos pueden mantener vivos a quienes han muerto!

¿Qué harás hoy — y mañana también — para garantizar tu legado?

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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