Algo para Pensar — Parasha Pinjás (viernes, 18 julio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shabbat Shalom Lekulam!


“Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo El Eterno.” (Éxodo 6:8)

Continuación de la reflexión de ayer…

Además de «porción» (chelek) y «suerte» (goral), la Torá también utiliza un tercer término para describir la posesión de la tierra por parte de Israel.

«Os introduciré en la tierra», le prometió Dios a Moisés en Egipto: «…y os la daré como herencia» (Éxodo 6:8). En esta y en numerosas ocasiones, Dios se refiere a la Tierra Santa como nuestra «yerushá», «herencia.»


La «porción» que es racional y la «suerte» que es suprarracional tienen algo en común: ambas describen la «adquisición» de algo (en nuestro caso, un terreno) que el adquiriente no poseía previamente. La «herencia,» en cambio, no es una adquisición, sino la afirmación de un derecho de nacimiento.

El patrimonio no pasa a manos del heredero por haberlo ganado o porque le haya sido otorgado, sino por ser quien es. De hecho, según la ley de la Torá, una herencia no constituye un cambio de propiedad, sino una extensión de la propiedad del progenitor. (cf. Talmud, Bava Batra 159a)

En otras palabras, nuestra posesión de la Tierra Santa tiene tres dimensiones


Cada uno tiene o posee una «porción» en ella. Una «parcela» que viene a ser un reflejo de nuestras fortalezas cuantitativas y cualitativas. También se nos ha concedido un «lote». Una porción suprarracional e incuantificable. Finalmente, también tenemos nuestra «herencia», lo que denota un vínculo esencial e integral con quienes somos, más que con nuestros logros o lo que se nos ha dado.


Pero estos tres niveles de relación no se limitan sólo a nuestra posesión de la Tierra Santa, sino a cada área de nuestra vida. Cada uno de nosotros posee una «porción en el mundo»: su propia porción de los recursos del mundo y su propia esfera de influencia en la sociedad.

Nuestra misión en la vida es convertir esta parcela individual en una «tierra santa»: infundir santidad y Divinidad en esa parte de la Creación donde se extiende nuestra influencia. 


Al hacerlo, nos guiamos por los tres elementos de la «repartición de la tierra» en la Torá: a través de una división lógica de roles o funciones, un «echado de suertes» suprarracional, y finalmente nuestra «herencia»: las cualidades esenciales de nuestra propia identidad.


¿Cómo puedes transformar tu «porción» en el mundo en una «tierra santa»? 


Lo puedes lograr utilizando tus fortalezas únicas para cultivar tu porción personal, asignada lógicamente según tus habilidades y funciones. Abraza el lote suprarracional que te conecta con lo inesperado y divino en tu vida.

Finalmente, honra tu herencia espiritual, viviendo con propósito como una extensión de tu identidad esencial. Infunde santidad en tu entorno y comparte esta inspiración para hacer de este mundo físico un lugar santo en el que la presencia de El Eterno sea evidente.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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