
Algo para Pensar — Parasha Pinjás (lunes, 14 julio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
“Pinjás hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha hecho apartar mi furor de los hijos de Israel, llevado de celos entre ellos, por lo cual yo no he consumido en mi celo a los hijos de Israel. Por tanto diles: He aquí yo establezco mi pacto de paz con él.” (Números 25: 11-12)
¿Hace Dios un pacto de paz con un fanático terrorista llamado Pinjás?
Para investigar porqué el don de la paz de Dios fue otorgado a Pinjás el zelote, necesitamos recurrir al libro de Josué, y examinar un incidente de la historia posterior del pueblo israelita donde se destaca a Pinjás como un mediador pacificador en lugar de un zelote fanático.
Han pasado muchos años… (cf. Josué 22).
La Biblia registra que bajo el liderazgo de Josué, la conquista principal de la tierra ya se había llevado a cabo, allanando el camino para que los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés regresaran a habitar en Transjordania, la tierra de Galaad en el lado oriental del río Jordán — buenas tierras de pastoreo para su ganado solicitadas a Moisés mucho antes que comenzaran las batallas contra los cananeos (cf. Números 32).
Las dos tribus y media llegaron a su tierra deseada y las repartieron; de inmediato erigieron un altar cerca del Jordán, “un gran altar, para que todos lo vean” (Josué 22:10), una verdadera obra maestra.
Las otras tribus de Israel estaban indignadas; interpretaron la erección de este gran altar en Transjordania — lejos del Santuario central en Silo — como un acto de rebelión contra el Dios de Israel, una “declaración de independencia” del resto de las tribus. Fue entonces cuando “los hijos de Israel se reunieron en Silo para levantarse en batalla [contra las dos tribus y media en Transjordania]” (Josué 22:12).
Pero antes de que declararan una guerra civil, enviaron nada menos que a Pinjás, hijo de Eleazar el sacerdote, junto con diez jefes de tribus, para intentar hallar una solución pacífica al conflicto.
La delegación de Pinjás les recordó brillantemente la desastrosa plaga que había descendido sobre toda la nación cuando comenzaron a adorar al ídolo de Peor y a cohabitar con mujeres moabitas y madianitas, una referencia obvia a la idolatría que había llevado a Pinjás al acto de castigo; quien con su acción trajo la cesación de la plaga (cf. Números 12:10-18).
Pinjás advirtió que la construcción de un altar desligado del altar central en Siló tendría graves repercusiones, poniendo en peligro a toda la nación de Israel; las diez tribus restantes podrían verse obligadas a tomar medidas contra ellos para prevenir que una plaga desastrosa golpeara a estos rebeldes idólatras.
El motivo subyacente del argumento de Pinjás era la integridad de permanecer como una sola nación — cada uno responsable de las acciones del otro — a pesar de la distancia que los separaba.
En interés de la unidad, les dijo que si se sentían “contaminados o profanados por su distancia del Santuario al otro lado del Jordán, entonces deberían regresar a la tierra firme de Israel,” aunque eso significara renunciar a parte de su propia tierra en la redistribución de territorio que tendría que llevarse a cabo (Josué 22:19).
La respuesta de las dos tribus y media magnificó el tema de la unidad; nunca fue su intención usar su altar para reemplazar el Santuario en Siló para ofrendas sacrificiales. No fue un acto de rebelión, instando a actos de desobediencia religiosa o civil.
De hecho, pretendían que su altar sirviera como un símbolo para las futuras generaciones de la unidad de fe y nacionalidad entre las tribus a ambos lados del río Jordán. Sus sacrificios sólo se ofrecerían en el Santuario en Shiló.
Lograr el regreso de estas dos y media tribu al resto de los hijos de Israel marcó a Pinjás como un exitoso mediador y pacificador, revelando la esencia de su personalidad como un kohen amante de la paz, quien cuando era más joven, se vio obligado por circunstancias extremas a salirse de su personalidad y asesinar a una persona sin el debido proceso con el objetivo de evitar que Moisés y sus directivas fueran echadas por tierra.
¿Piensas que quizá hubo una perspectiva alterna?
Digamos que sí, que Pinjás actuó impulsado por el fanatismo, pero que en un momento decisivo para Israel, su acción salvó a la nación, Dios le concedió el don que verdaderamente es la meta de Israel: el don de la paz y el pacto de compasión. Ahora vemos en el libro de Josué (22) que Pinjás aprendió la lección y finalmente se convirtió en un exitoso mediador de paz.
Sea cual sea el carácter inicial de Pinjás, un mensaje queda claro en la prueba: incluso si se requiere un acto momentáneo de fanatismo en una circunstancia inusual, el fanatismo no debe ser nuestra norma ni nuestro objetivo nacional.
¡En lo que dependa de nosotros, nuestra norma y nuestro objetivo deben ser siempre el pacto de paz de Dios!
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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