Algo para Pensar — Parasha Jukat (miércoles, 2 julio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 

¡Shalom, Shalom Lekulam!

«Llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y acampó el pueblo en Cades; y allí murió María, y allí fue sepultada.» (Números 20:1)


Estamos a mitad de semana y me parece buena idea hacer una síntesis de lo que hemos visto hasta ahora y añadir algunos pensamientos que han ido surgiendo mientras avanzamos en nuestros análisis.


La «comunidad completa,» que ha alcanzado la forma en la que el pueblo entrará en la tierra, pierde ahora a sus líderes originales, uno tras otro. Estas narraciones de las muertes individuales de Miriam, Aarón y Moshé presentan un matiz inquietante. 


Miriam muere, y de repente, se quedan sin agua. Súbitamente, Moisés y Aarón son condenados a muerte; esto nos obliga a «releer» la narración anterior, la que en una primera lectura, no insinuaba ningún pecado que pudiera merecer semejante castigo dejándonos un sabor de una acción divina desproporcionada. 


Aarón muere en la cima del monte Hor, allí Moisés lo despoja de sus vestiduras sacerdotales y viste a su hijo con esas mismas vestiduras. Moisés también muere en la cima de una montaña, pero muere solo, contemplando la tierra. 


Muere «por la boca de Dios», ¿se trató de un «beso»? Es enterrado —Va yikbor otto —, pero ¿quién lo enterró? ¿Dios? ¿Se entierra a sí mismo? Nadie conoce su lugar de sepultura hasta el día de hoy; ni siquiera él mismo, el hombre por excelencia (el «hombre de Dios» —ish ha-elokim), supo dónde fue enterrado. 


¡Sin lugar a duda, estas narraciones claman por una interpretación!  Están impregnadas de datos no contados, envueltas en silencios, representando la tensa y común naturaleza en las que se tejen los momentos de transición.


Estas narrativas de transición están precedidas por la misteriosa ley de la Vaca Roja. Esta ley se convierte en el epítome de lo insondable en el pensamiento midrásico: un cabello de la casi mítica Vaca Roja purifica a quienes están contaminados por el contacto con la muerte, y también en un contexto diferente, contamina a los puros. 

Yalkut Shimoni cita Eclesiastés 7:23: «Todo esto lo examiné con sabiduría. Creí poder comprenderlo, pero se me escapa»; y comenta: «Salomón dijo: «Entendí toda la Torá, pero cuando llega el pasaje de la Vaca Roja, lo buscaría, lo investigaría, lo interrogaría.»


Sobre esta ley de la Vaca Roja, cargada de cuestiones existenciales — vida y muerte, pureza e impureza —, incluso el sabio Salomón quedó perplejo. De igual manera, como han testificado generaciones de comentaristas, aún no se ha encontrado la clave para desentrañar el misterio del episodio de la roca en Meriva.


La roca y la vara — estos objetos son los que marcan este momento de transición entre el desierto y la tierra prometida. Al recordar su historia, estos objetos comienzan a vibrar ante nuestros ojos; estas son las «cosas» que están cargadas de narrativas, de leyes; en definitiva, de «palabras.» Estos objetos brillan secretamente con esperanza y miedo, con pasado y futuro, con la intensa experiencia de quienes comparten su tiempo y espacio con ellos. 


Por ello, en nuestra próxima reflexión volveremos a echarle un segundo vistazo al momento cuando Dios le dijo a Moisés «toma tu vara.» 


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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