Algo para Pensar — Parasha Koraj(miércoles, 25 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Coré hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Levi, y Datán y Abiram hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, de los hijos de Rubén, tomaron gente…” (Números 16:1)


Si te pido que busques en tu memoria algún suceso o episodio controversial, ahora que puedes mirarlo desde el tiempo y la distancia, ¿valió la pena haber polemizado, o consideras que fue algo en lo que no debiste involucrarte? 


En la Mishná, la sección de  Avot (Ética de los Padres 5:20) se hace una distinción entre dos tipos de controversia: 


“Una controversia que es por el bien del cielo, como la de Hillel y Shamai, en última instancia seguirá existiendo; una controversia que no es por el bien del cielo, como la de Coré y sus compinches, no seguirá existiendo.”


En adición a la ya problemática cuestión presente en la descripción positiva de una «controversia por causa del cielo,» es difícil entender porqué la Mishná alude a un tipo de controversia como la de Hillel y Shamai, los dos antagonistas, y a la otra como, la de Coré y sus cohortes, en lugar de decir entre Coré y Moisés, algo que resultaría obvio en virtud de los paralelos comparativos existentes.


Creo que la respuesta a nuestras preguntas podría residir en las dos definiciones de la palabra hebrea para controversia, «mahloket»: Que significa, dividir («lehalek») o distinguir («la’asot hiluk»), hacer una separación o una distinción. 


La primera sugiere un abismo insalvable, una gran división que separa y anula la visión del otro; mientras que la segunda sugiere un análisis de cada lado para comprender mejor cada punto de vista, y quizá incluso, para llegar finalmente a una síntesis o una dialéctica, una resolución de ambas posturas.


Con esta información, leamos el comentario de Rashi sobre las palabras iniciales de esta parashá,

«Y Coré tomó,» se vuelven indudablemente claras:  

«Se fue al otro lado para separarse de la congregación.»


Siendo que Coré creó una gran división entre él y Moisés, la Mishná en Avot define su controversia como la de Coré y sus seguidores; porque su interés era anular la postura de Moisés, más que intentar comprenderla. Por otro lado, cuando el Talmud describe las disputas entre Hillel y Shamai, concluye que:


Estos y aquellos [ambas escuelas] son las palabras del Dios viviente. Si es así, ¿por qué se decide la Ley de acuerdo con la escuela de Hillel? Porque son amables y tolerantes, siempre enseñan su punto de vista junto con el de la escuela de Shammai e incluso citan la postura de Shammai antes de citar la suya propia. (Eruvin 13b)


Según esta perspectiva, «estas y aquellas [opiniones contradictorias] son palabras del Dios viviente.» El Todopoderoso, inicialmente y a propósito, dejó abiertos muchos asuntos de la Tradición Oral para dar cabida a diferentes opiniones, cada una de las cuales bien podría ser correcta desde la perspectiva divina. 


De hecho, la Mishná en «Eduyot» enseña que la razón por la que nuestra Tradición Oral registra tanto la opinión minoritaria como la mayoritaria es porque un «Sanedrín» posterior (Tribunal Supremo Judío) puede anular la decisión de un «Sanedrín» anterior, aunque no sea superior al anterior en sabiduría ni en número, siempre que exista una opinión minoritaria registrada en la que el «Sanedrín» posterior pueda basarse para revocar la decisión anterior; y la mayoría de las decisiones halájicas se basan en una decisión minoritaria en casos de tensión y emergencia (Mishná Eduyot 1:5). 


En el mundo de la halajá, las opiniones disidentes de las minorías nunca se anulan; estas opiniones también forman parte del paisaje del sistema religioso-legal y pueden convertirse en ley normativa de la mayoría en otro período de tiempo, o para una situación individual diferente y difícil dentro del mismo período.


Este respeto fundamental ante el desafío de las opiniones alternativas — tan básico para la mentalidad talmúdica — tiene sus raíces en otra Mishná (Sanedrín 37a), que ve la grandeza de Dios en las diferencias entre los individuos y en el pluralismo de ideas. 


«A diferencia de un individuo que acuña monedas de un solo modelo y todas son exactamente iguales, el Santo, bendito sea, ha creado a cada ser humano a semejanza de Adán, y sin embargo, ningún ser humano es exactamente igual a su semejante… Y así como las apariencias de los seres humanos no son iguales, tampoco lo son sus ideas.»

Es precisamente en la singularidad de cada persona que vemos la grandeza del Creador.


Esta gran verdad fue una de las enseñanzas del rabino Abraham Yitzhak HaKohen Kook, quien afirmó que la multiplicidad de ideas es en realidad la clave para comprender la verdad de Dios. Leamos lo que escribió.


«Los eruditos fomentan la paz en el mundo.» Una paz multifacética implica que se deben considerar todas las partes y todos los puntos de vista; entonces se aclarará cómo cada uno tiene su lugar, cada uno según su valor, su lugar y su problema específico… Solo mediante la recopilación de todas las partes y todos los detalles, todos esos ideales que parecen diferentes y todas las opiniones profesionales dispares, solo por medio de estos se revelará la luz de la verdad y la rectitud, la sabiduría del Señor, su amor y la luz de la verdadera Torá. (Ein Ayah, final de Berajot)


Al reflexionar sobre aquella controversia a la que aludimos al inicio: ¿qué lograste: crear un puente o un abismo? Inspirados por las enseñanzas de Hillel, Shamai y el rabino Kook, qué tal si practicamos el respeto y la apertura a las ideas divergentes. Escuchemos activamente, valoremos las perspectivas opuestas y busquemos la verdad a través del diálogo constructivo. 

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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