Algo para Pensar— Parasha Shlag (Shabbat, 21 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos  


¡Shabbat Shalom Lekulam!


“Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra.” (Números 13:26)

¡Quizá lo has escuchado antes! Se trata de un viejo proverbio, dicho en el más fino y jugoso de los vernáculos, expresa una gran y desafortunada verdad: 

“Así como va el gentil, así va el judío.” 

Este agudo y punzante comentario sobre el judío que vive en el exilio está ampliamente atestiguado por nuestra historia. Los cananeos adoraban ídolos, y más tarde los israelitas también lo hicieron. 

En la Edad Media, los cristianos desarrollaron sectas ascéticas, luego algunos judíos propusieron una forma de ascetismo que “olía” a cristianismo. Los polacos y los cosacos llevaban cierto tipo de vestimenta, luego los judíos la adoptaron, la santificaron y continúan usándola, incluso mucho después de haber pasado de moda. 

Ya sea cultural, sociológica o religiosamente, el judío a menudo ha caído preso de esta forma de mimetismo que exige adoptar y adaptar las formas y características de los pueblos con los que interactuamos. Nuestros sabios, en sus homilías, subrayan este punto.*


En la parashá de esta semana leemos sobre los doce “meraglim” (espías) que fueron enviados a la tierra prometida por Moisés. Su misión era clara y directa. Debían espiar la tierra y reportar sus hallazgos a Moisés y al pueblo.

Dos de estos investigadores, Caleb y Josué, quedaron profundamente impresionados por la belleza de la tierra, sus grandes posibilidades y el enorme potencial de los israelitas para desarrollarse y prosperar en ese país. 

Sin embargo, los otros diez espías no adoptaron un enfoque tan optimista. Se sintieron intimidados por algunos gigantes que habían encontrado. Trajeron informes que sonaban como si fuera una versión bíblica del cuento “Jack y las habichuelas mágicas».**Desconcertados, desanimados y desalentados, presentaron un informe sombrío y pesimista.

Sabemos que el pesimismo es una enfermedad altamente contagiosa, y pronto infectó a la mayoría de sus compañeros. 

Los resultados fueron trágicos haciendo que la ira de Dios se manifestara. Pero, ¿qué causó está situación? Los “meraglim” debieron haber pasado por alguna experiencia fuera de lo común que contribuyó a generar esta campaña de miedo e histeria.

Los Rabinos (como cita el Ba’al HaTurim en Números 13:33) proporcionan el “eslabón perdido” en la narrativa bíblica. Un gigante, relatan, comió una granada y tiró la cáscara. Inmediatamente, los “meraglim” se metieron en la cáscara con el objetivo de ocultarse en ella. 

Lo que nuestros Sabios quieren indicar con esta historia es que los «meraglim» eran personas que no tenían respeto por si mismos. Eran «shtadlanim»^incluso antes de que los israelíes se establecieran en la tierra prometida.

Algunos judíos, nos dicen, aceptan incluso una cáscara vacía, siempre y cuando haya sido usada primero por un no judío. Están dispuestos a aceptarla incluso después de que se le haya quitado su pulpa y después de que haya sido desechada. 

De hecho, «como le va al gentil, le va al judío». ¡Doce príncipes leales de su pueblo buscando refugio en una cáscara de granada desechada! ¡Qué vergüenza y desgracia; qué notoria autodegradación! 

La Biblia misma no deja de predecir las consecuencias de una actitud así. Por su propio testimonio, los «meraglim» se acusan a sí mismos cuando dicen: «Éramos como langostas a nuestros propios ojos, y así éramos a sus ojos» (Números 13:33). ¡Ciertamente! 

Porque si un hombre se considera a sí mismo un simple e insignificante insecto, es ley inviolable de la naturaleza que sus semejantes también lo consideren un simple saltamontes. Si un hombre está dispuesto a encogerse ante las cáscaras de granada que le arrojan, entonces, en efecto, se las arrojarán.

La parashá de esta semana nos enseña una lección medular sobre la importancia de la autoestima y la confianza en nuestra identidad.

Los meraglim, al dejarse llevar por el miedo y la inseguridad, no solo se menospreciaron a sí mismos, sino que contagiaron al pueblo con una visión derrotista. Sin embargo, la historia de Caleb y Josué nos recuerda que es posible ver más allá de los obstáculos, abrazar lo que en un momento es algo potencial y avanzar con optimismo hacia un futuro donde concretemos lo que en principio fue un sueño.

Hoy, tú y yo tenemos la oportunidad de elegir. En lugar de escondernos en las «cáscaras» de las expectativas ajenas, o de imitar ciegamente lo que otros valoran, como judíos podemos afirmar con orgullo quiénes somos y lo que podemos lograr.

Como individuos y como comunidad, debemos rechazar el pesimismo y abrazar la valentía de ser auténticos, de mirar hacia adelante con esperanza y de estar dispuestos a pagar el precio de construir un futuro en el que nuestras más altas aspiraciones adquieran personalidad y presencia tangible.

¡Levántate con la fuerza de Caleb y Josué! Reconoce tu valor, confía en las capacidades que El Eterno te ha dado, y no te dejes intimidar por los «gigantes» que encuentres en el camino.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas

* cf. Abraham Cahan, The Rise of David Levinsky (1817) y Santiago Kovadloff, La extinción de la diáspora judía (2022)

** Este es un cuento popular inglés. Juan, un joven pobre, cambia su vaca por habichuelas mágicas que crecen hasta el cielo. Al escalar el tallo, llega al castillo de un gigante. Juan roba una bolsa de oro, una gallina que pone huevos de oro y un arpa mágica. El gigante lo persigue, pero Juan corta el tallo, haciendo caer al gigante, y vive feliz con su madre gracias a las riquezas.

^ La palabra shtadlanim(plural de shtadlan en yiddish/hebreo) se refiere a los mediadores o representantes judíos que, históricamente, actuaban como intermediarios entre las comunidades judías y las autoridades no judías en la diáspora, especialmente en Europa durante la Edad Media y la Edad Moderna. 

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