Algo para Pensar— Parasha Nasó Primera parte (Shabbat, 7 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shabbat Shalom Lekulam!


Esta semana hemos dedicado varios de nuestros análisis al caso de una mujer que enfrenta la acusación de ser una potencial adúltera (sota). Vimos como Rashi une la desgracia de esta mujer con el consumo excesivo de vino como causal para el cargo de adulterio. 


¿Será posible que podamos considerar que Rashi tuvo un episodio visionario al hacer esta vinculación?

Por los próximos minutos le invito a pensar que la respuesta a esta pregunta es: SI. Ver a la Sota en desgracia debería llevarnos a renunciar al consumo de alcohol. El impacto visual de su degradación es tan perturbador que conviene tomar medidas preventivas para evitar llegar a tal extremo. Dado que la embriaguez hace perder el control, tenemos aquí una solución eminentemente racional al problema de la prevención.


Por otro lado, este consejo puede representar precisamente ese enfoque defensivo que caracteriza la perspectiva del «camino resbaladizo» del adulterio. Quizá haya algo en la imagen de la transformación de la Sotá que suscite preguntas verdaderamente aterradoras. ¿Qué le sobrevino?

Esta desgracia a la que Rashi se refiere como —«kilkul» en hebreo — implica daño, ruina, deterioro, desintegración. La repulsión ante tal degradación puede llevar a negar que esté en juego algo más radical que una decisión de comportamiento concreto. Si mantenerse sobrio previene tales transgresiones, todavía se puede vivir en un universo moral tranquilizadoramente simple. 


Si por el contrario, tal «desintegración» es el efecto de un «espíritu de locura,» entonces ninguna precaución preventiva puede ser suficiente. En tal universo, el observador se vuelve tan vulnerable como la mujer a la que observa. La intoxicación que lleva a un ser humano a tal extremo puede ser de un tipo más difícil de prevenir. 


Entonces, ¿qué subyace en el corazón de la peculiar tensión que la Sotah inspira en quienes la contemplan en su «ruina»? Más allá y a través de la vergüenza del ritual público — el desorden de sus ropas y cabello, la humilde ofrenda de cebada —, ¿cuál es la experiencia interna que está viviendo la Sotah, la cual es descrita con la palabra «ruina»?


Al echar un vistazo al libro de Proverbios, notamos que el adulterio es descrito en términos que insinúan que el acto está cubierto con un manto siniestro, una sensación de vacío lo encierra. Su acto no solo es desconocido para la sociedad, sino esencialmente irreconocible, quizás incluso para ella misma.


«Tres cosas me son ocultas; aun tampoco sé la cuarta: El rastro del águila en el aire; el rastro de la culebra sobre la peña; el rastro de la nave en medio del mar; y el rastro del hombre en la doncella. El proceder de la mujer adúltera es así: Come, limpia su boca y dice: No he hecho maldad.» (Proverbios 30: 18-20)


¡Sorpresa y asombro! Fíjese en el razonamiento y conclusión en la mente de la adúltera: «No he hecho maldad.» 


En la segunda parte enviada esta tarde continuaremos…


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR) 

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