
Algo para Pensar — Parashá Nasó (miércoles, 4 junio 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
«Todo el tiempo del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza; hasta que sean cumplidos los días de su apartamiento a El Eterno, será santo; dejará crecer su cabello.” (Números 6:5)
¿Cuáles son las dos citas que prueban contundentemente que el cabello tiene un simbolismo de corte o matiz sexual? Veamos.
El Talmud registra que el Sumo Sacerdote Simón el Justo nunca había comido de la ofrenda por la culpa de un nazareo, aparentemente porque creía que era pecaminoso asumir prohibiciones innecesarias. Sin embargo, hizo una excepción cuando conoció a un joven atractivo, de ojos hermosos, aspecto llamativo y payot* rizados.
Le dije: «Hijo mío, ¿por qué quieres destruir ese hermoso cabello [al hacerte nazareo]?» Me respondió: «Yo era pastor… Cuando fui a sacar agua del pozo, vi mi propio reflejo y la mala inclinación amenazó con dominarme y exiliarme del mundo. Le dije [a este impulso narcisista de amor propio]: «Cabeza hueca, ¿por qué te enorgulleces de un mundo que no es tuyo, donde con el tiempo te convertirás en gusanos y larvas? Juro que te afeitaré por amor al cielo…» Y Simón el Justo besó al joven en la cabeza, diciendo: «Qué nazareos como tú se multipliquen en Israel.» (Nazir 4a)
En adición a lo ya dicho, se puede encontrar evidencia adicional de la naturaleza sexual del cabello y su simbolismo en un fascinante responsum que trata sobre la conversión.
Sabemos que antes de la conversión, se requieren tres condiciones para que los varones la realicen: la circuncisión, la inmersión en un baño ritual (mikve) y la aceptación de los mandamientos de la Torá.
La circuncisión, la remoción del prepucio del pene, simboliza el abandono de un pasado gentil antes de entrar en el pacto de Abraham; la inmersión en la mikve simboliza el renacimiento de un nuevo ser en la nacionalidad de Israel; y la aceptación de los mandamientos es el compromiso con un nuevo estilo de vida y marco religioso ideológico.
Obviamente, para las mujeres, el proceso de conversión sólo requiere dos pasos: la inmersión ritual y la aceptación de los mandamientos. Pero entonces, ¿cómo expresan las mujeres su rechazo a su antiguo estilo de vida gentil sin restricciones?
El profesor Mordechai Friedman, en su obra sobre la Genizá de El Cairo, «La poligamia judía en la Edad Media», cita un responsum de hace aproximadamente mil años, donde se analiza la petición de dos hermanas para convertirse al judaísmo. Se les instruyó que se afeitaran y se sumergieran ritualmente tras aceptar los mandamientos. Al menos según esta perspectiva, la depilación o afeitado del cabello en las mujeres es similar a la del prepucio en los hombres; ambas connotan erotismo sexual.
Por lo tanto, parece que, desde tiempos muy antiguos, el cabello, tanto en hombres como en mujeres, ha sido un símbolo de la fisicalidad y del impulso sexual.** Esto se debe quizá a la belleza que se le atribuye y/o a que, si se deja crecer sin control, se vuelve desgreñado y salvaje, similar al impulso maligno.
La mera posibilidad de ser «nazareo por elección» confirma la aceptación bíblica de que «cada cual tiene su camino» en el ámbito religioso, aunque el estado nazareo realmente no se fomenta.
A la mayoría de las personas se les insta a no hacerse nazareos; quienes hacen el voto deben presentar una ofrenda por el pecado al final del período de su voto, presumiblemente porque se han negado placeres permitidos. Aparentemente, solo en casos extremos de narcisismo se puede tolerar esta «religiosidad ascética extra».
El nazareo suele limitarse a treinta días. Y en definitiva, el nazareo no debe usar su elevada religiosidad para obtener puestos de liderazgo, como símbolo de superioridad religiosa. Debe tomar el cabello y colocarlo bajo la ofrenda de paz, como sacrificio a Dios. Quemándolo está dedicando su virilidad y libido sexual, sublimándolos en un servicio superior a Dios.
Intrigante el profundo simbolismo del cabello en la Torá y su conexión con la espiritualidad y el deseo.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
* pe’ot en hebreo, transliterado como payot (hebreo: פֵּאוֹת, romanizado: pēʾōt, «esquinas») o payes (pronunciación yiddish: [pejəs]), es el término hebreo para patillas.
** Es probable que alguno de nuestros lectores/as cristianos hayan captado algún tipo de eco con el caso de María y Jesús cuando ésta lavó sus pies con sus lágrimas y los secó con sus cabellos, poniendo estos al descubierto públicamente (cf. Lucas 7:38; Juan 12:3).




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