Algo para Pensar — Parasha Bamidbar Segunda parte(Shabbat, 31 mayo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


«Cuando haya de mudarse el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio; y pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones, y extenderán encima un paño todo de azul, y le pondrán sus varas.»(Números 4:5-6)


Como indicamos al final de nuestra reflexión matutina, las tres capas de corporeidad que cubren el alma tienen su paralelo en las tres cubiertas del Arca del Testimonio que se encontraba en el espacio o lugar más interno del Santuario, descritas en los versículos citados al inicio. 


Cuando el Arca era llevada de un campamento a otro en el viaje que Israel realizó desde Egipto hasta la Tierra Santa, estaba envuelta en y con tres cubiertas diferentes: 


(a) el «paroshet» — un tapiz bordado que separaba el «Lugar Santísimo» del resto de la estructura. Este se quitaba y se colocaba sobre el Arca. 

(b) una «vestimenta» de lana azul 

(c) una «cubierta» hecha de la piel de un «tajash»El «paroshet», componente sagrado del Santuario, representa el cuerpo, parte positiva y sagrada del ser humano, aunque cubre u oculta la espiritualidad del alma. 


La «vestimenta», más externa, representa el «alma animal,» más negativa; si bien encubierta y oculta, complementa y sirve a las diversas facultades del alma, de forma similar al cómo se confecciona una prenda según la forma y los rasgos de quien la lleva, satisfaciendo así sus necesidades. 


Finalmente, la «cubierta» de cuero tosco representa una sociedad y un entorno con mayor capacidad de corrupción que las propias inclinaciones negativas de una persona.


El Arca contenía las dos tablas donde Dios escribió los Diez Mandamientos, la esencia de la Torá. Cuando se encontraba reposando en el Lugar Santísimo, no necesitaba cubiertas. Pero cuando se realizaba un viaje, Dios ordenó que fuera «absorbida» (cf. Números 4:20) por su triple vestidura.


Lo mismo se aplicaba a la Torá, que se encontraba en el interior del Arca. Para que la Torá permaneciera en su estado espiritual, como lo hizo hasta el día en que Moisés ascendió al Monte Sinaí, no estaba sujeta o bajo del dominio (como argumentaron los ángeles) generado por su contacto con carne y sangre. 


¡Pero había un «problema»! Dios quería que la Torá continuara su camino, que llevara su verdad a los confines más oscuros del mundo material.


Así, Dios tomó su «tesoro escondido,» la expresión más íntima de su sabiduría y voluntad, y lo tradujo en una guía para la vida física: una vida enredada en las necesidades y relaciones corporales, en impulsos e inclinaciones negativas, y en un mundo que aún está lejos de su Creador.


En la Parashá Bamidbar, descubrimos cómo el Arca del Testimonio — recipiente de las Tablas de la Ley, esencia de la Torá — era cuidadosamente cubierta con tres capas antes de emprender su viaje por el desierto.


Este gesto no solo protegía el objeto más sagrado del Santuario, sino que nos ofrece un profundo mensaje para nuestra vida cotidiana: también el alma, como la Torá, debe viajar cubierta, envuelta y resguardada en su camino por el mundo físico.

Cada capa — el «paroshet», la vestimenta azul y la piel del tajash — representan un aspecto del ser humano y su entorno, desde lo más sagrado hasta lo más rudimentario. Sin embargo, el Arca sigue avanzando, llevando dentro de sí la sabiduría divina, hacia cada rincón del desierto. 


De igual manera, tú no has sido llamado para quedarte quieto. Estás llamado a moverte, a llevar la Torá contigo, a cubrirla con respeto, pero nunca a ocultarla.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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