
Algo para Pensar — Parasha Bamidbar (martes, 27 mayo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutes
¡Shalom, Shalom Lekulam!
El libro de Números inicia con la imagen de una nación optimista lista para la redención. Los israelitas han sido liberados de Egipto en medio de grandes milagros y maravillas; han recibido la Revelación en el Sinaí, a través de la cual se les proporcionó una constitución moral y ética con el objetivo del establecimiento de un estado soberano que sirviera de modelo a las demás naciones.
Se comprometieron a ser una nación santa, un reino de sacerdotes con una misión para el mundo. Las doce tribus, cada una dotada de manera única y dirigidas individualmente, cada una con su propio estandarte, están unidas en torno a un Santuario común consagrado al servicio divino.
Organizaron un ejército permanente; la tribu de Leví es entrenada para enseñar la Torá y cumplir con todos los requisitos para el servicio sacrificial. ¡El único elemento que falta es una guerra obligatoria, necesaria e inevitable que allane el camino para nuestro asentamiento en la Tierra Prometida a Israel!
Pero lo que acontece en su lugar es una total degeneración, un descenso desde las alturas de un lujoso condominio multi pisos hasta las profundidades de una letrina.
Los hebreos se involucran en peleas triviales y quejas cansinas; la misión de reconocimiento decide no intentar conquistar la tierra separada para Israel. Coré, Datán y Abiram organizan una rebelión contra Moisés; un príncipe de la tribu de Simeón desafía el liderazgo de Moisés al fornicar públicamente con una mujer madianita.
Toda la generación del desierto, en el desierto muere.
Solo el sucesor de Moisés, Josué — y Caleb — y la nueva generación podrán vivir en la Tierra Prometida. ¡Esto es un desastre de proporciones inconcebibles!
¿Qué sucedió y por qué? ¿Cómo pudo una nación que promete “Todo lo que el Señor ha hablado haremos y lo internalizaremos” (Éxodo 24:7) perder completamente su sentido de propósito e idealismo y “unirse en contra” del mismo individuo que fue su gran libertador y legislador? ¡Esto es un total sin sentido!
Los relatos registrados en Bamidbar nos confrontan con una pregunta urgente: ¿cómo puede una generación expuesta a momentos irrepetibles perder el rumbo tan rápidamente? ¿Cómo se pasa de la cima espiritual del Sinaí al colapso moral en el desierto?
Hoy, este riesgo no está tan lejos.
Vivimos en tiempos de milagros tecnológicos, acceso sin precedentes al conocimiento y libertad religiosa. Sin embargo, muchas veces nos desorientamos en quejas vacías, distracciones triviales y olvidamos nuestra misión como pueblo de Dios.
¿Cómo se cae del éxtasis del Sinaí hasta llegar a la confusión del desierto?
La Parashá Bamidbar nos recuerda, que incluso una generación que ha presenciado milagros extraordinarios puede perder su propósito. Y si esto les ocurrió a ellos… ¿quién dice que a nosotros no nos puede suceder lo mismo?
Vivimos rodeados de maravillas: tecnología, conocimiento, libertad. Sin embargo, también enfrentamos el mismo peligro: la distracción, la queja, el olvido de quiénes somos y para qué estamos aquí.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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