Algo para Pensar- Parasha Bejar-Bejukotai (jueves, 22 mayo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shalom, Shalom Lekulam!»

El Eterno habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para El Eterno» (Levítico 25:1-2).


Tomado en sí mismo, el versículo anterior parece implicar que se debe observar «un shabat dedicado a Dios» inmediatamente después de entrar a la tierra de Israel. Pero en la práctica, después que el pueblo de Israel conquistó y se estableció en la tierra, PRIMERO trabajaron la tierra durante seis años, y LUEGO observaron el séptimo como un año de «shemittá», un año en el que cesa todo trabajo físico en la tierra para dedicarse a actividades más espirituales. De hecho, la propia Torá especifica:


«Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para El Eterno; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. (25:3-4)


Significado: primero trabajar la tierra durante seis años, y luego tomar un año sabático. La Torá nos dice que una «shemittá» debe PRECEDER y seguir nuestros seis años de labor: seguirla en el calendario, pero también precederla, si no en realidad, sí en el sentido conceptual.


Encontramos una dualidad similar en relación con otro ciclo de siete que rige nuestras vidas: los seis días laborables de la semana, seguidos por el día de Shabat.


Según el Zóhar, Shabat tiene una doble función. Es el día «desde el cual se bendicen todos los días sucesivos»: la fuente de inspiración, enfoque y sustento espiritual para la semana siguiente. Pero también es la culminación de la semana: el día en el que se cosechan y se magnifican los esfuerzos de la semana anterior; cuando se comprende y se revela su verdadero significado (cf. Zóhar 2:63b, 2:88a). Es semejante a una bisagra,** donde sobre un mismo eje un lado mira hacia atrás y el otro hacia delante.


Pero, ¿qué hay de la primera semana del tiempo?

Dios comenzó la creación de la existencia — incluyendo la creación misma del tiempo — el «primer día» (el domingo actual) y culminó su obra de seis días con el primer Shabat.

¿Significa esto que la semana original de la creación, matriz y prototipo de todas las semanas posteriores, careció de un Shabat previo? No es así, dicen los místicos. Hubo un Shabat primordial que precedió a la creación, un Shabat que no existía en el tiempo, sino en la mente de Dios como parte de una visión de un mundo completo y perfecto.


Es ahí donde reside una lección importante sobre cómo abordar o acercarnos a las actividades cotidianas de la vida. Empezamos por lo material, porque en un mundo regido por la causa y el efecto, los medios inevitablemente preceden al fin.

Pero lo que es primero en la realidad no tiene porqué ser primero en la mente. En la mente, el fin debe preceder a los medios; pues sin una visión clara que le guíe en su propósito, los medios pueden desviarse hacia otros fines, o incluso comenzar a verse como su propio fin.


La cosecha espiritual de un Shabat o «shemittá» sólo se logra después de una semana de trabajo dedicada a lidiar y desarrollar los recursos en un mundo material. Sin embargo, nuestras jornadas de trabajo deben basarse firmemente en un «shabat para Dios» que ocupe el primer plano de nuestra conciencia e impregne cada una de nuestras acciones.


Y tú, ¿desde dónde estás viviendo tu semana?¿Desde la rutina o guiado por una visión más elevada?

En los versos de esta parashá se nos invita a replantear cómo abordamos nuestra vida diaria: no como una carrera sin dirección, sino como un camino guiado por un propósito. Antes de sembrar, soñar. Antes de actuar, conectar.

Haz del “Shabat” — el descanso, la visión, lo sagrado — tu punto de partida y también tu destino. Empieza hoy mismo a incorporar está pausa consciente que da sentido a tu esfuerzo. Porque sólo quien sabe hacia dónde va, puede dar pasos firmes cada día.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas

** Herraje de dos piezas con un eje común que sirve para unir dos superficies permitiendo el giro de ambas o de una sobre la otra.

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