
Algo para Pensar— Parasha Emor (viernes, 16 mayo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
“Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas serán. Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofrecereis el nuevo grano a El Eterno.” (Levítico 23:15-16)
El «Cantar de los Cantares» del Rey Salomón, documento que nuestros sabios han llamado el libro más sagrado de las Escrituras, describe nuestra relación con Dios utilizando la historia de amor entre una doncella y su amado, empleando las pasiones y la imaginería del amor físico como una metáfora del vínculo único entre Dios y Su pueblo.
Este poema sobre el amor divino incluye el siguiente verso:
“Atráeme; en pos de ti correremos. El Rey me ha metido en sus cámaras.” (1:4) Nosotros — los humanos — sabemos que en cada relación, hay momentos en que una de las partes desempeña la parte activa y momentos en el que la otra parte desempeña la función pasiva/receptiva.
En el verso citado hace unos segundos, vemos cómo la iniciativa se intercambia: la doncella llama a su amado para que «me atraiga» (su iniciativa), en respuesta, ella promete correr tras él (la suya) y finalmente concluye, hablando de cómo él la lleva a sus aposentos (la suya).
Este doble cambio de iniciativa se evidencia en la interpretación de este verso por parte de nuestros sabios como la voz de Israel — la doncella — recordando su amor nupcial por Dios en el momento del Éxodo. «Atráeme» alude al cómo Dios nos atrajo hacia Él en un momento en que, sumergidos en el paganismo de Egipto, no estábamos dispuestos o no podíamos buscarlo por nosotros mismos.
«Tras de ti correremos» habla de la siguiente fase en nuestra relación: las siete semanas de preparación y auto-refinamiento que siguieron al Éxodo, experimentadas recurrentemente cada año con nuestro «conteo del Omer,» en las que éramos los pretendientes activos.
Finalmente, «el rey me ha introducido en sus cámaras» alude nuevamente a un momento en que fuimos los receptores de una iniciativa divina: la revelación de Dios a nosotros en el Monte Sinaí.
Los cabalistas se refieren a estos intercambios en nuestra relación con Dios como «despertar de arriba» y «despertar de abajo», y explican cómo, al igual que en las relaciones humanas, ambos son necesarios para lograr una unión ideal.
Es importante que «corramos tras de ti» — que nuestras vidas sean impulsadas por el deseo de trascender lo mundano y alcanzar lo divino. Pero también es importante que reconozcamos esos momentos y áreas en nuestra relación donde nuestras propias habilidades son inadecuadas, y solo podemos RENDIRNOS ante las fuerzas supernales que atraen nuestra alma hacia Dios.
Pero…¿rendirnos? ¿ Acaso para muchos la rendición no es sinónimo de haber perdido? ¡Ciertamente! Pero en el mundo de las paradojas, aunque hay rendiciones que son sinónimo de haber perdido, en este caso, rendirnos es sinónimo de victoria.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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