Algo para Pensar — Parasha Emor (domingo, 11 mayo 2025) Tiempo de lectura: 4 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!


Hoy damos inicio al estudio de Parashá Emor. Esta es la 31.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.

Porción de la Torá: Levítico 21:1-24:23
Emor (“Di”) comienza con las leyes que regulan la conducta sacerdotal, el trabajo en el Mishkán (Tabernáculo) y el consumo de sacrificios y alimentos sacerdotales. Describe las festividades bíblicas de Pésaj, Shavuot, Rosh Hashaná, Yom Kipur y Sucot, terminando con la historia de un blasfemo y su castigo.

«El Eterno dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes hijos de Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos.»(Levítico 21:1)

Como acabamos de leer, la parashá Emor comienza con instrucciones dadas a Moshé que afectan a su hermano Aarón y a todos sus descendientes.


En este versículo, se presenta una de las características medulares de la familia sacerdotal, los «kohanim»: A un «kohein» no se le permite entrar en contacto con los muertos. Para quienes se crían en la tradición judía, esta prohibición resulta familiar, casi obvia. Solo cuando consideramos esta cuestión a priori resulta extraño:

¿Por qué no se le debería permitir a un «kohen» estar en contacto con los muertos o la muerte? Si tal contacto es fundamentalmente incorrecto, debería ser inapropiado para todos los judíos. ¿Hay algo único en ser «kohen» que haga inapropiado el contacto con los muertos?


La comprensión de esta cuestión puede encontrarse en el versículo que está justo antes de ésta prohibición (el último versículo de la parashá anterior, Kedoshim):

«Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos.» (Lev. 20:27)


Esta es la tercera vez en la parashá Kedoshim que se reitera esta prohibición, y aquí viene a ser la conclusión de Kedoshim. Resulta inevitable contrastar este final con los versículos iniciales de Emor, en los que se instruye especialmente a los kohanim sobre un asunto tan íntimamente relacionado.

El contraste se acentúa aún más al comprender lo que implicaban las prácticas de «ov» y «yidoni».

En Devarim, la prohibición se repite una vez más:
«Cuando entres a la tierra que El Eterno tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos» (Deuteronomio 18:9-11). 

Del contexto, aprendemos que «ov» y «yidoni» eran tipos de brujería que involucra la comunicación con los muertos.** La Guemará explica que en este ritual de «ov» se utilizaba un cráneo humano.

Baal ov designa tanto a quien evoca a los muertos mediante la adivinación como a quien consulta una calavera. (Sanedrín 65b)Shaul HaMelech hizo uso de este método en un intento de comunicarse con Shmuel HaNavi, quien había fallecido.


«Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos.» (1 Samuel 28:3)

A continuación, el texto nos dice que los filisteos atacaron a Shaúl, y este se asustó. Sin su profeta Shmuel a su lado, Shaúl no sabía a quién acudir en busca de consejo. Al no obtener respuesta a sus oraciones, se frustró y:


Shaúl dijo a sus sirvientes: «Encuéntrenme una mujer que domine la práctica del «ov» e iré a ella y le pediré [una respuesta]».


En los versos 7-17 (1 Samuel 28) nos describen la reunión que tuvo el rey con una pitonisa a la que le pidió que llamara el espíritu de Shmuel. Este acto era una abierta violación a la ley. 


«Cuando entres a la tierra que El Eterno tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones.No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con El Eterno cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones El Eterno tu Dios echa estas naciones de delante de ti. Íntegro (תָּמִים,tamin) serás delante de El Eterno tu Dios.» (Deuteronomio 18:9-13)


Lo opuesto a estas prácticas es ser «tamin», íntegro, completo, «uno» con Dios. La palabra «tamin», o su forma singular «tam», puede tener connotaciones de inocencia, simpleza o integridad. 

Aquí, Dios llama al hombre a confiar en Él, y por lo tanto, a ser uno con Él. Esto es lo opuesto a la confusión, el miedo y la neurosis, que impulsan a la persona a buscar guía y certeza en lo oculto; el arquetipo de tal comportamiento no es otro que Shaul HaMelej. Por otro lado, cuando el hombre confía plenamente en Dios, se eleva espiritualmente y se siente psicológicamente reconfortado. 


El primer caso de pérdida de «temimut», la pérdida de la inocencia o unidad con Dios, fue la caída de Adán y Jacob. En el Edén, eran verdaderamente uno con Dios, experimentando su presencia en el Jardín, pero la intercambiaron por un bocado de fruta, con la esperanza de que les diera conocimiento de Dios.

El resultado fue la entrada de la muerte al mundo. La muerte es lo opuesto a «temimut»; una vez el hombre se separó de Dios, el poder de la «tumá» (impureza) se afianzó. Nació la muerte. De hecho, el Zóhar señala que la palabra «tam» es el reverso de la palabra «muerto», «meit.» Cuando el hombre ya no es «tam», ha revertido y pervertido su inocencia natural, el resultado es inevitable, inexorable.

¿Qué mandato dado a los kohanim es el que les prohíbe entrar en contacto con personas muertas? El mandato de los kohanim es re-unir al hombre con Dios a través de los «korbanot.»

La función del kohen es lograr la «sheleimut» (unidad o integridad), un regreso al estado original que fue perdido por Adán y Javá. Ahora entendemos porqué el kohen debe evitar el contacto con la muerte. 


El cadáver representa la separación de lo Divino y nuestra existencia física, ya que la diferencia fundamental entre un cadáver y una persona viva es solo el aliento de Dios, el alma. Aquí es donde el concepto judío de espiritualidad se desvía de los ritos mágicos y conjuros de los gentiles: los kohanim evitan la muerte y buscan la “temimut,” mientras que las prácticas de “ov” y “yidoni” utilizan la muerte para obtener comprensión y seguridad en este mundo.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas

**Los términos «ov» y «yidoni» se refieren a prácticas de adivinación prohibidas mencionadas en la Biblia hebrea, asociadas con la comunicación con los muertos y la predicción del futuro.Ov: Esta práctica implicaba el uso de medios para contactar a los muertos. Según algunas fuentes, un «ov» era una persona que quemaba cierto tipo de incienso y realizaba rituales específicos hasta alcanzar un estado en el que creía escuchar una voz que emanaba de su axila, la cual respondía a sus preguntas. 
Yidoni: Esta práctica consistía en colocar un hueso de un animal específico (o un cráneo humano)  en la boca, quemar incienso y pronunciar ciertas palabras para alcanzar un estado similar a la inconsciencia, durante el cual la persona creía predecir el futuro. 

Deja un comentario

Trending