
Algo para Pensar- Parasha Ajarei Mot – Kedoshim (jueves, 8 mayo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Habló El Eterno a Moisés, diciendo: Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo El Eterno vuestro Dios.» (Levítico 19:1-2)
La parashá Kedoshim comienza con el mandamiento de «kedoshim tiheyu» — «Serán santos.» Cuando Dios le da este mandato a Moisés, enfatiza que debe transmitirlo a «kol adat be’ne Yisrael,» es decir, a toda la asamblea del pueblo israelita.
La mitzvá de vivir una vida de kedusha — santidad — no se limita a los grandes sabios de la Torá en Jerusalén y los bnei-brak, ni a los treinta y seis sadikim ocultos en el mundo. Se aplica a «toda la asamblea del pueblo israelita,» a todos y cada uno de los israelitas, independientemente de sus antecedentes o estatus actual.
Esta mitzvá es una poderosa expresión de la alta estima que el Todopoderoso tiene por cada individuo y de cómo cree en el potencial de grandeza de cada hebreo.
A menudo, las personas recuerdan con desesperación sus errores y comportamientos inapropiados del pasado. Piensan: «La santidad no puede ser para mí; cualquiera que conozca mis acciones jamás esperaría que me convierta en ‘kadosh.’»
Pero la Torá nos dice que nada puede estar más lejos de la verdad. «Kedoshim Tiheyu» es una obligación que la Torá impone a todos, independientemente de nuestras acciones pasadas.
De hecho, el Talmud enseña que «donde se encuentran los ba’ale teshuvá (pecadores arrepentidos), las personas completamente justas no pueden estar.»** Las personas con un historial de pecado enfrentan un desafío mucho mayor que quienes han estado protegidos del pecado toda su vida.
Habiendo éstas disfrutado de los placeres prohibidos del mundo, les resulta mucho más difícil retirarse y comprometerse a una vida de observancia. En cierto sentido, entonces, ¡su potencial para la kedushá es aún mayor que el de los tzadikim!
A continuación leerás una historia conocida hasta el empacho, pero con un enorme e importante contenido pedagógico.
Un conferenciante, dirigiéndose al público, sacó del bolsillo un billete de 100 dólares. «¿Quién quiere este billete?», preguntó. Naturalmente, todos los presentes exclamaron con vehemencia que lo querían.
El orador arrugó el billete y lo abrió, dejándolo arrugado. Repitió su pregunta inicial: «¿Quién quiere este billete?». Una vez más, todos los presentes gritaron para expresar su deseo de obtener el dinero. El orador lanzó el billete al suelo y lo pisoteó.
Al terminar, lo levantó y mostró al público cuán sucio y polvoriento estaba. Por tercera vez, preguntó: «¿Quién quiere este billete?» Por supuesto, la pregunta provocó la misma respuesta que en las dos ocasiones anteriores.
El conferencista explicó el propósito de este ejercicio.
No importa lo que hagamos con un billete de 100 dólares, este conserva su valor, no lo pierde, y todos anhelan poseerlo como cuando estaba impecable. Lo mismo ocurre con los sentimientos de Dios hacia cada persona.
A lo largo de la vida, hay momentos en que nos «arrugamos» o «nos ensuciamos,» en los que actuamos inapropiadamente y cometemos errores. Pero incluso cuando esto sucede, seguimos siendo tan valiosos a los ojos de Dios como al principio.
Él cree en nuestro potencial para la kedusha, independientemente de nuestro pasado, y por lo tanto, debemos creer en nosotros mismos y esforzarnos por alcanzar la santidad, sin desanimarnos por nuestros errores pasados.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
** Cf. Talmud Babilónico, tratado Berajot 34b. La cita en hebreo/arameo es:»במקום שבעלי תשובה עומדין, אין צדיקים גמורים יכולין לעמוד.» “En el lugar donde se encuentran los ba’alei teshuvá (los arrepentidos), los completamente justos no pueden estar.” En este pasaje, esta enseñanza se atribuye a Rabí Abahu. La idea central es que alguien que ha pecado y luego se ha arrepentido sinceramente alcanza un nivel espiritual incluso más alto que aquel que tiene la persona que nunca pecó, porque ha luchado contra su inclinación al mal y ha regresado con un compromiso más profundo.




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