Algo para Pensar — Parasha Acharei Mot-Kedoshim — (martes, 6 mayo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!

«Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.» (Levítico 16:22)


Finalmente llegamos a uno de los rituales más desconcertantes del judaísmo, uno que tenía lugar en el Templo en la celebración del Yom Kipur, donde se sacrificaban dos machos cabríos idénticos.

Pero no se sacrificaban de la misma manera; uno se ofrecía de la manera tradicional en el altar, mientras el otro era enviado al desierto, donde era lanzado desde un acantilado y moría (cf. Vayikrá 16:6-30).


En un fascinante ensayo inspirado en «Orot Hateshuvá» de Rav Kook, el rabinoShlomo Aviner ofrece una explicación inusual para este peculiar ritual. Según Rav Aviner, los seres humanos NO pueden expiar todo el mal del mundo, porque es Dios mismo quien creó el mal. 


Por lo tanto, se trae un macho cabrío a nombre del ser humano para expiar su parte en todo el mal que ha cometido. Pero el otro macho cabrío, el «Sa’ir le Azazel,» se trae a nombre de Dios por haber Éste haber creado el mal.


Es cierto que al crear un mundo donde los seres humanos pueden hacer el bien, Dios se vio obligado a introducir el mal como un desafío o reto que debemos superar. Sin la presencia de esta fuerza contraria, no tendríamos libertad para elegir entre el bien y el mal. 

Pero los seres humanos NO somos responsables de esta fuerza del mal. Más bien, este el «daño colateral» que Dios ha causado al permitir a los humanos el libre albedrío. La existencia del mal es inherente a la creación del mundo (cf. Yeshayahu 45:7).


Es más, Dios comulga con parte de la responsabilidad por nuestras malas acciones, ya que al crear la fuerza del mal, abrió la puerta que nos permite pecar. Así que, cuando pecamos, podemos decir que Dios también peca. 


Así, el macho cabrío de Azazel lleva los «pecados» de Dios a una tierra desierta, deshabitada por seres humanos: un lugar vacío, desolado y devastado donde el hombre está ausente y solo habita Dios. Es una forma de decir: «He hecho mi parte al arrepentirme. Ahora deja que Él — Dios — haga la suya.»


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas

** «Tal Hermon» es una obra del rabino Shlomo Aviner donde presenta una serie de comentarios sobre la Torá, basados en las enseñanzas que impartió durante su tiempo como rabino en Moshav Keshet, en los Altos del Golán. El título, «Tal Hermon» (en hebreo, «טל חרמון»), se inspira en el versículo «Como el rocío de Hermón que desciende sobre los montes de Sion» (Salmos 133:3), reflejando la esperanza de que las enseñanzas de la Torá se difundan ampliamente.

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