Algo para Pensar — Parasha Acharei Mot-Kedoshim — (lunes, 5 mayo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!


«Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto.» (Levítico 16:22)


Decíamos ayer que en el Tanaj no hay registro de un juicio contra Dios. Pero sí hay lo que podemos considerar un claro y evidente reclamo de justicia por parte de nuestro patriarca Abraham. 


A medida avanzamos en la lectura del texto bíblico, se observa una flagrante negativa a ceder ante la «maldad» de Dios. El profeta Yirimiyahu (Jeremías) confronta a Dios con lo que algunos podrían considerar un atrevimiento:


«Justo eres tú, oh Eterno, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente? Los plantaste, y echaron raíces; crecieron y dieron fruto; cercano estás tú en sus bocas, pero lejos de sus corazones» (12:1-2).


De igual manera hay otras ocasiones en la Biblia donde Dios es desafiado por su injusticia. (cf. Tehilim 44:24-27; Habacuc 1:13,23; Yyov 27:2-6)


Nunca justificamos la maldad de Dios, solo nos indignamos. No hay un «Unde malum»**¿de dónde proviene el mal, cuando existe un solo Dios? —, como sucede en fuentes judías y no judías posteriores. Todo es directo e inflexible.


El judío observante se resiste abiertamente a ser intimidado por el equilibrio entre él y su Dios. En cambio, dice: «No permitiremos que Dios se salga con la suya.»

Es una lucha sin precedentes el hombre bíblico afirma nada menos que su igualdad moral con su Dios. ¿¡Cómo es esto posible!?

Es posible porque hay un pacto entre Dios y el hombre, y ambos están sujetos a los mismos estándares morales. Dios no es solo un Dios metafísico, sino también el Dios moral de la justicia y la misericordia. 

Puede tener Sus razones para haber creado el mal, conocidas solo por Él, y estas razones pueden tener sentido para Él, pero definitivamente para nosotros no tienen sentido. Pero esto, no lo exime de tener que asumir la responsabilidad por el mal que creó — o permite — a la vista del hombre.

De hecho, Dios se enreda a sí mismo al insistir en que hay un pacto igual entre Él y el hombre, atándose a sus propias restricciones morales.

¡Pero hay más! Acaso, “¿Ora Dios?” pregunta el Talmud (cf. Berajot 7a), y responde, en efecto, lo hace — Dios ora a sí mismo, diciendo: “Que sea mi voluntad que mi misericordia suprima mi ira.”

Una oración como esta puede parecer escandalosa— incluso blasfema — en círculos religiosos no judíos, pero para el judío religioso es auténtica, necesaria y de ninguna manera herética. Tal oración surge de nuestra más profunda creencia en la justicia de Dios. ¿Cómo puede un Dios justo no hacer justicia?

La persona que cuestiona las acciones de Dios desafía, pero no niega. Su crítica está avalada por toda la tradición judía. Aunque en la literatura judía «posterior» se hicieron muchos intentos para reconciliar estas nociones opuestas, la crítica del Tanaj a Dios es clara y sin disculpas.

El gran profeta Yeshayahu (5:20) lo expresa claramente. “¡Ay de los que dicen del mal que es bueno, y del bien que es malo; los que cambian la oscuridad en luz y la luz en oscuridad, los que cambian lo amargo en dulce y lo dulce en amargo!”

No tenemos misericordia para con Dios cuando se trata de justicia. Pero la realidad es que Dios tampoco intenta explicarse. Solo le pregunta al hombre, casi burlonamente, dónde estabas tú cuando fundaba el universo y nos muestra los límites de nuestro entendimiento (Job 38:4).

Esta historia continuará mañana cuando le echemos un vistazo al día cuando Dios se arrepiente.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas

**“Unde malum» es una frase en latín que se traduce como «¿De dónde viene el mal?» o «¿De dónde proviene el mal?» Está preguntando sobre el origen o la fuente del mal o el daño. En contextos filosóficos o teológicos, podría ser una forma de cuestionar los orígenes de la mala conducta o el sufrimiento.

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