
Algo para Pensar — Parasha Tazria-Metzora (domingo, 27 abril 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Parashat Tazria-Metzora es la 27.ª y 28.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá. Este año, las Parashot Tazria y Metzora se leen juntas en la misma semana. Esto ocurre en años no bisiestos, como lo es el 2025, para ajustar el número de lecturas semanales necesarias en el ciclo anual de la Torá.
Parashá: Levítico 12:1-13:59; 14:1-15:33
Tazria (“Ella da a luz”) comienza describiendo el proceso de purificación de una mujer después del parto. Luego describe diferentes formas de tzaraat, una condición de decoloración en la piel o la ropa, y el requisito de que una persona infectada viva sola fuera del campamento y sea inspeccionada por un sacerdote.
Metzora comienza describiendo el proceso de purificación y los sacrificios que lo acompañan para una persona infectada con tzaraat, una condición de decoloración en la piel. Luego describe el proceso de tratamiento de una casa infectada con tzaraat y la impureza ritual generada por ciertas descargas corporales.
Dice la Misná: Kol ha’nega’im adam ro’eh huts mi’nig’e asmo» — Una persona ve todas las imperfecciones, excepto las suyas propias.”**
Esto se refiere a un kohen que descubre sara’at en su propia piel. Aunque este tiene la facultad de examinar las manchas de sara’at en otras personas y determinar su estado, no tiene derecho a inspeccionar una lesión encontrada en su propio cuerpo.
Esta halajá enseña una lección muy importante sobre la naturaleza humana.
Las personas notan los defectos de los demás, pero no los propios. Cuando se trata de otras personas, uno puede elaborar una larga lista de defectos de carácter; sin embargo, respecto a sus propios fallos, siempre logra encontrar alguna justificación. Necesitamos ser ciegos a nuestras propias deficiencias, mientras que somos muy conscientes de los defectos de los demás.
Esto puede resultar peligroso. Si una persona nunca toma nota de sus propias deficiencias, nunca podrá trabajar para mejorar; permanecerá espiritualmente en una zona de complacencia y estancamiento. Por esta razón, muchos grandes Rabinos designaron a otros para que los vigilaran y les reprendieran.
El Gaón de Vilna, probablemente el individuo más grande de su tiempo, empleó al Maggid de Dubno para que lo criticara. El Maharshal contrató a un carretero, un judío simple, para que le dijera lo que estaba haciendo mal. Y se cuenta que el Hidushei HaRim, uno de los grandes maestros jasídicos, dejó la yeshivá en Kozhnits donde había estudiado porque constantemente le decían cuán gran estudiante era y que tenía garantizada una gran parte en el Mundo Venidero.
Fue entonces cuando se dio cuenta que era necesario trasladarse a una yeshivá diferente, donde le informarían sus faltas y le mostrarían dónde tenía espacio para mejorar, en lugar de ser elogiado por sus logros. Estos Rabinos entendieron la naturaleza humana, la tendencia natural a notar los defectos de los demás excepto los propios, y por lo tanto se aseguraron de tener a alguien que les destacara sus deficiencias.
Los rabinos nos instruyen a amar a aquellos que nos reprenden y a tener cuidado con quienes nos halagan. Aunque los halagos y los elogios hacen que una persona se sienta bien, tienen el inherente potencial de auto-complacerte, en lugar de esforzarse por mejorar.
La Mishná nos dice: “Hazte rabino y adquiere para ti un amigo.” Un “amigo” NO es una persona con quien socializar; un amigo es alguien que, al igual que un rabino, ofrece crítica constructiva. Sin un amigo así, una persona nunca podrá crecer; nunca aprenderá de sus defectos e imperfecciones.
Se cuenta una historia de un médico que le contó a su paciente que padecía una enfermedad grave. “No es agradable decir eso,” respondió el paciente. “¿Por qué no me dices algo positivo y favorable?” El doctor, por supuesto, le recordó al paciente que su intención es solamente ayudarlo, dándole un diagnóstico preciso para que el problema sea tratado adecuadamente.
Lo mismo ocurre con la crítica. A muchas personas no les gusta escuchar críticas de un rabino (o de cualquier clérigo). Pero este es el trabajo del rabino; al igual que el médico, él es responsable de informar a las personas cuando algo está mal, donde hay un problema que requiere atención.
El rabino Yisrael Salanter solía decir que un rabino que no hace que sus congregantes se sientan incómodos cuando habla desde el púlpito no está haciendo su trabajo. Su trabajo no es decirle a la gente lo grandiosa que es, sino señalar dónde necesita mejorar. La crítica, al igual que el diagnóstico de un médico, sólo puede ayudar a una persona, mostrándole las fallas que nunca podría ver por sí mismo.
¿Tienes a un amigo como el que hemos descrito?
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
** La frase «Kol Ha’nega’im Adam Ro’eh Huts Mi’nig’e Asmo» («Una persona ve todas las imperfecciones, excepto las suyas propias») aparece en el Talmud, específicamente en el Tratado Nega’im 2b. Este tratado aborda las leyes relacionadas con las impurezas causadas por diversas imperfecciones en el cuerpo, y esta frase refleja la tendencia humana a ver las fallas en los demás mientras se ignoran las propias.




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