
Algo para Pensar — Parasha Shemini(miércoles, 23 abril 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
אִם־יָק֞וּם וְהִתְהַלֵּ֥ךְ בַּח֛וּץ עַל־מִשְׁעַנְתּ֖וֹ וְנִקָּ֣ה הַמַּכֶּ֑ה רַ֥ק שִׁבְתּ֛וֹ יִתֵּ֖ן וְרַפֹּ֥א יְרַפֵּֽא׃»si se levantare y anduviere fuera sobre su báculo, entonces será absuelto el que lo hirió; solamente le satisfará por lo que estuvo sin trabajar, y hará que le curen.» (Shemot 21:19)
La Parashá Mishpatim contiene las leyes sobre la compensación por daños, incluyendo el caso de una pelea entre dos personas que termine generando lesiones físicas. La Torá dice que quien causó la lesión debe compensar a la víctima por todas las pérdidas y gastos incurridos, incluyendo el «ve’rapo yera’pe» (Shemot 21:19).
La Guemará* comenta: «De aquí aprendemos que al médico se le permite curar». Es decir, este versículo constituye la fuente bíblica que permite recurrir al tratamiento médico. Si la Torá no hubiera sancionado explícitamente los procedimientos médicos como medio de curación, habría prohibido buscar tratamiento al enfermo.
La Guemará explica: «Él (el Todopoderoso) castiga, ¿y él (el médico) cura?» Es Dios quien trae la enfermedad y el dolor a una persona, por lo tanto, buscar atención médica podría interpretarse como un intento de oponerse y resistirse a su voluntad.
De esta manera, instintivamente, si la Torá no hubiera indicado lo contrario, habríamos prohibido el uso de medicamentos y exigido que el paciente esperara pasivamente a que Dios efectuase la sanación. Solo a la luz de este versículo de la Parashá Mishpatim, uno tiene derecho a buscar atención médica y consultar con médicos para mejorar y mantener su buena salud.
Esta discusión en la Guemará nos enseña la perspectiva correcta que debemos tener ante la enfermedad, siendo que esta es un acto de Dios. Por supuesto, quien enferma puede y debe acudir al médico, y al mejor médico disponible.**
Sin embargo, no debemos obsesionarnos tanto con el proceso del tratamiento médico de forma tal que perdamos de vista que es el Todopoderoso quien nos trajo la enfermedad. Si bien debemos consultar con médicos, también nos corresponde ver la enfermedad como una señal de Dios, que nos invita a examinarnos y ver dónde podemos mejorar y qué defectos necesitan corrección.
Un rabino comparó la enfermedad con una luz intermitente en un automóvil que indica que le falta aceite al motor. Un dueño irresponsable llevaría el auto al mecánico para que desconecte la luz y deje de parpadear. En lugar de corregir el problema de raíz — comprando y añadiendo aceite —, trata solo el síntoma: la luz intermitente.
Muchos somos culpables de reaccionar así ante la enfermedad. La enfermedad es una «luz intermitente» que indica una falla de carácter espiritual que requiere corrección. Consultar con un médico para curar el síntoma, sin abordar la raíz del problema, es análogo a apagar la luz intermitente sin añadirle aceite al motor.
En ambos casos, se trata la manifestación externa del problema, haciendo que esta se agrave. ¿Recuerdas cuándo fue la ocasión más reciente cuando se encendió la luz del «check engine» de tu «auto»?
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
* Guemará – el comentario y análisis de la Mishná.
** La Guemará que aborda esta tensión entre la procedencia divina de la enfermedad y la obligación humana de buscar ayuda médica se encuentra en el Tratado de Berajot 60a:»ורפא ירפא – מכאן שניתן רשות לרופא לרפאות.» «‘Y lo sanará’ – de aquí aprendemos que se le ha dado permiso al médico para curar.»




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