
Algo para Pensar— Parasha Shemini (lunes, 21 abril 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
«Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de El Eterno fuego extraño, que él nunca les mandó.» (Levítico 10:1)
Uno de los temas más debatidos en el pensamiento religioso contemporáneo es la cuestión de la autonomía humana versus la obligación del hombre para cumplir el mandato divino. ¿Cuál es el valor religioso más elevado: servir a Dios con una efusión espontánea de devoción religiosa (autonomía) u obedecer el imperativo divino (obediencia)?
Durante siglos, los pensadores judíos han lidiado con este tema. Sin duda, la espontaneidad debe desempeñar un papel crucial en la experiencia religiosa. Pero ¿quién es lo suficientemente sabio como para saber qué convierte un arrebato espontáneo de religiosidad en un auténtico servicio a Dios? ¿Dónde y cuándo marcamos esa imperativa línea divisoria?
Encontramos varios incidentes en la Torá donde seres humanos decidieron tomar la devoción religiosa en sus propias manos, solo para pagar un alto precio. Nadav y Avihu, hijos de Aarón, introdujeron un fuego extraño (ilícito) en la Tienda de Reunión y perdieron la vida debido a este acto autónomo.
Dediquemosle unos segundos a leer un comentario escrito por el profesor Yeshayahu Leibowitz z.l., quien basándose en gran medida en comentarios anteriores, escribe:
«Así como es posible que una persona se sienta atraída a considerar al becerro (de oro) como un dios, incluso cuando su intención era adorar a Dios… La adoración a Dios en sí misma, si no se realiza con la conciencia de obedecer una orden divina, sino por un impulso interno de servir a Dios, es una forma de idolatría, incluso cuando la intención de la persona sea servir a Dios. La fe que se expresa en las mitzvot prácticas en la adoración a Dios no pretenden expresar o liberar las emociones del hombre, sino que su importancia reside en que la persona ha aceptado lo que, en la tradición post-bíblica, se conoce como el yugo del reino de los Cielos y el yugo de la Torá y las Mitzvot. La fe se expresa en el acto que el hombre realiza debido a la conciencia de su obligación de hacerlo y no por un impulso interno… [de lo contrario] esto es fuego ilícito.» (cf. Yeshayahu Leibowitz, Notas y comentarios sobre la Parashá Semanal, p. 106).
Una atenta lectura a un comentario hecho por Ohr HaJaim parece respaldar esta opinión. Este se pregunta porqué la parashá «Lej Lejá» comienza con una cláusula introductoria inusual: «Y Dios le dijo a Abraham: ‘Lej Lejá me-artzejá’ (sal de tu tierra)…». Dado que esta es la primera vez en la Torá que Dios le habla a Abraham, la frase apropiada habría sido: «Y Dios se le «apareció» a Abraham y le dijo: ‘Lej Lejá’…».
El Ohr HaJaim entiende que la no presencia de esta cláusula significa que solo hubo un DISCURSO divino, pero no una REVELACION divina. En otras palabras, no hubo una experiencia religiosa exaltada que hubiera transformado a Abraham, sino solo una voz que le hablaba, la cual él reconoció como proveniente de Dios.
El Ohr HaChaim ofrece dos posibles razones para esto. Una de ellas es que, hasta entonces, Abraham no había recibido ningún mandamiento divino al que hubiera respondido con absoluta dedicación.
En palabras del Ohr HaChaim: «Dios se negó a concederle a Abraham la revelación definitiva hasta que lo sometió a la prueba suprema — si cumpliría o no su mandamiento». Solo después que Abraham hubiera demostrado su devoción cumpliendo el mandamiento de Dios (obediencia), Dios estaría dispuesto a aparecerse ante él y permitirle experimentar una experiencia religiosa de orden superior.Es por esta razón que el mandamiento «lej lejá» no fue precedido por las palabras «Y Dios se le apareció a Abraham.» La Torá, de hecho, nos informa que Dios SÍ se le apareció a Abraham entonces, pero solo después de que cumpliera este mandamiento.
¿Le ha dado Dios al ser humano la libertad para adorarlo de forma espontánea? Y si lo ha hecho, ¿cómo saberlo?
Esta historia continuará en nuestra próxima reflexión cuando le echaremos un vistazo al encuentro entre Nimrod y Abraham.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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