Algo para Pensar — Parasha Tzav (miércoles, 9 abril de 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a El Eterno. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró El Eterno con agrado a Abel y a su ofrenda…” (Génesis 4:3-4)


Las implicaciones de la argumentación dónde Rambam plantea que el Santuario y el sistema de sacrificios fue generado DESPUÉS del pecado de la adoración al becerro de oro tiene unas implicaciones muy muy serias. 


¿Realmente creía el Rambam que esto era todo lo que había en relación a los sacrificios del Templo? ¿No había un significado más profundo, un simbolismo vedado? 


Su enfoque parece sugerir que el culto sacrificial comenzó dentro del mundo de la adoración a ídolos, solo para convertirse más tarde en parte del judaísmo, pero ¿acaso no fue el primer incidente — registrado — de ofrendas sacrificiales el de Caín y Abel, quienes sin duda, trajeron sus sacrificios a Dios y no a ninguna otra deidad?


Internamente, hay una fuerte contradicción en las obras del Ramban.


Mientras aquí parece sugerir que, en última instancia, la humanidad (y el pueblo judío) alcanzará un plano espiritual más elevado, y por lo tanto, ya no necesitará ofrecer sacrificios, en su “Mishné Torá” parece sostener una posición diferente y contradictoria:


“El «Melech ha-Mashiach» [Mesías] surgirá en el futuro y restaurará la realeza de la Casa de David, restableciendo su soberanía; reconstruirá el Santuario y reunirá a todos los dispersos de Israel. En sus días, todas las leyes recuperarán su validez; se ofrecerán nuevamente sacrificios.” (cf. Mishné Torá, Hiljot Melajim, 11:1)


Por lo visto, la pregunta permanece: ¿Habrá sacrificios en la Era Mesiánica como expresión de una existencia espiritual exaltada, o no habrá necesidad de sacrificios, ya que no son más que una concesión generada por la debilidad humana?


En las oraciones, los judíos recitamos tres veces al día: “Señor, oh Dios, mira con favor a Tu Pueblo…restauración rápida del culto en Tu Templo…y acepta favorablemente y con amor, los sacrificios de Israel.” 
Entonces, ¿cómo Rambam reconcilia esto con las opiniones que expresó en la “Guía de los Perplejos”?


Finalmente, ¿está sugiriendo, aunque sea de forma implícita, que una buena parte del Libro de Vayikra (que analiza la mayoría de las leyes sacrificiales) y los otros libros de la Torá no comunican la auténtica y final ideología judía?


En la Guía, tras las palabras citadas, Rambam continúa con otra observación sumamente inusual: 


Si Dios ordenara la eliminación de los sacrificios, sería como si viniera un profeta, en nuestra época, que llamara al servicio de Dios diciendo: «El Señor les ha ordenado que no le recen, que no ayunen, que no imploren Su ayuda en tiempos difíciles, sino que su servicio [a Él] consista [sólo] en pensamientos sin acción». (cf. Moré Nevujim, parte 3, capítulo 32)


Para añadir más perplejidad a la confusión, uno podría exclamar con razón: ¿Qué es lo que el Rambam está tratando de comunicar? ¿Acaso está diciendo que la oración y el ayuno también deben considerarse concesiones por causa de la debilidad humana?

Con más precisión, ¿acaso está sugiriendo que hay otras mitzvot que también son, de alguna manera, una concesión, ya que cita la oración y el ayuno solo como ejemplos?


Buscando comprender todas estas paradojas, vamos a enfocarnos sobre el lugar donde se desarrollaban todas estas actividades: el Mishkan. Esto, en nuestra próxima reflexión.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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