
Algo para Pensar — Parasha Vayikra (martes, 1 abril 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a El Eterno…” (Levítico 1:2)
¿Cómo canalizamos nuestros nuevos “despertares” con relación a los dones del mundo que nos rodea?
Un comentario del Rabino Aaron Soloveitchik, de bendita memoria, sobre un pasaje en el Tratado «Berajot,” nos proporciona una interesante perspectiva:
El rabino Levi preguntó acerca de dos textos contrastantes. Está escrito: “Los cielos son los cielos de Dios, pero la tierra la ha dado a los hijos de los hombres” (Salmo 115:16), y también está escrito: “La tierra es del Señor, y la plenitud de ella” (Salmo 116:16). No hay contradicción: en un caso es antes de que se haya dicho una bendición, en el otro caso es después. (Berajot 35a)
La interpretación habitual explica que antes de hacer una bendición, todo pertenece a Dios; la bendición es mi solicitud de permiso para participar del mundo de Dios.
Por lo tanto, participar de algo sin una bendición es, en efecto, cometer un robo contra Dios; es a raíz de nuestra bendición que el Todopoderoso nos concede permiso para participar de Su mundo físico. En efecto, antes de la bendición, el mundo es de Dios, y después de la bendición, Él nos entrega la abundancia del mundo a nosotros los humanos.
En un giro único, el Rabino Soloveitchik invierte esta interpretación: “Los cielos son los cielos de Dios, pero la tierra ha dado a los hijos de los hombres.” (Salmo 115:16) es la descripción del mundo antes de las bendiciones, y el versículo, “La tierra es del Señor y su plenitud,” ¡es después de la bendición! **
¿Por qué el Rabino Soloveitchik hizo este cambio?
Un mundo desprovisto de una bendición es un mundo carente de conexión con lo divino. Este es el mundo neoplatónico con un telón de acero que separa los reinos humano y divino. Lo espiritual pertenece al dominio celestial, a Dios, mientras que lo físico es la esfera de la humanidad — y nunca se encuentran.
Pero una vez que el ser humano pronuncia una bendición antes de disfrutar de cualquier regalo terrenal o al experimentar un fenómeno histórico o natural especial, la humanidad está dando admisión a Dios en este mundo, está impregnando la esfera física con espiritualidad divina, y está reconociendo los dones de Dios dentro del mundo material.
De repente, la tierra y el cielo ya no son enemigos, ¡extraño universo!, sino que todas las creaciones de Dios se unen magnífica y milagrosamente.
Si la Torá tiene un mensaje urgente, es la santificación de nuestro mundo físico. Para los judíos, lo divino y lo físico se encuentran en un diálogo eterno, y la primera expresión de ese diálogo es la bendición que los observantes hacemos diariamente.
Pero…esta historia no ha concluido. Mañana le echaremos un vistazo a unos datos muy interesantes. ¡Hasta pronto!
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
**Esa interpretación del Salmo 115:16 y su relación con la bendición aparece en el libro «Halakhic Man» (Ish HaHalakha) del Rabino Joseph B. Soloveitchik. En este libro, el Rabino Soloveitchik explica la relación entre el hombre y el mundo a través de la lente de la Halajá (ley judía). En su análisis, menciona que antes de recitar una bendición sobre la comida, el mundo parece pertenecer a la humanidad, pero después de la bendición, la perspectiva cambia: todo pertenece a Dios. Esta idea refuerza el concepto de que la bendición no solo es un acto ritual, sino una declaración ontológica sobre la relación entre el ser humano y lo divino.




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