lgo para Pensar— Parasha Pekudei (jueves, 27 marzo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!

“Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de El Eterno llenó el tabernáculo” (Éxodo 40:34).
Se me ocurrió plantearle a Chat GPT, la siguiente pregunta: ¿Qué es la nada? He aquí su respuesta:

La nada es un concepto complejo que depende de cómo lo abordemos:

  1. Filosóficamente: Para pensadores como Parménides, la nada no puede existir porque solo el ser es. En contraste, Sartre la ve como algo real dentro de la existencia, en forma de vacío y ausencia.
  2. Físicamente: En la cosmología y la física cuántica, la nada no es un vacío absoluto. Incluso el «vacío» cuántico tiene fluctuaciones de energía y partículas virtuales apareciendo y desapareciendo.
  3. Lingüísticamente: La nada es un término paradójico porque al nombrarla, ya le damos existencia conceptual.
  4. Cotidianamente: Solemos usar «nada» para referirnos a la ausencia de algo específico, pero en realidad, incluso cuando decimos que no hay nada, hay espacio, tiempo o percepción.

Entonces, ¿la nada es realmente nada, o siempre hay “algo”?

El hecho de que la «nada» brille en todas las partes de lo que experimentamos como si ésta fuera la realidad, hace que la paradoja sea inevitable. 


Lo que nosotros, como seres humanos, experimentamos como la nada es por causa de la existencia absoluta, infinita e incondicional de Dios, el Algo último. Por otro lado, lo que Dios ve como la nada es para nosotros el algo a partir del cual se construye nuestra existencia.


Cuando buscamos a Dios, Él no se encuentra en el lugar donde esperamos que esté; esperamos que Él esté en lo que nosotros llamamos el «algo» en la misma forma limitada en la que nos experimentamos a nosotros mismos. 


El hecho mismo de que usemos palabras como «es» y «existencia» cuando hablamos de Dios simplemente incrementa la paradoja. ¡Dios «no es» ni «existe»!  ¡Él es mucho más!  Afirmar que Él simplemente «existe» es la máxima expresión de la adoración de ídolos; esto vendría a ser la reducción de Dios a proporciones humanas. 


Como dice Spinoza:
«Creo que si un triángulo pudiera hablar, diría… que Dios es eminentemente triangular, mientras que un círculo diría que la naturaleza divina es eminentemente circular. Así, cada uno atribuiría a Dios sus propios atributos, se asumiría como Dios y miraría a todo lo demás como en mal estado.» (Improvement of the Understanding, Ethics and Correspondence, p.392).


De hecho, Su existencia absoluta está totalmente MÁS ALLÁ. Y en ese mundo, tú y yo no podemos existir, ya que nosotros sólo podemos vivir «en el tiempo» y «en el espacio». He ahí el porqué cuando la Gloria del Eterno llenó el Tabernáculo, NADIE, ni siquiera Moisés, podía entrar. En ese momento Moshé no podía existir; no hubo «momento» y no hubo «existencia» en términos humanos.


De hecho, el Tabernáculo en sí no «existía,» lo cual es bellamente expresado por los sabios cuando afirman que el Arca, que estaba en el centro del Tabernáculo, lugar desde el cual Dios «habló,» no tenía ninguna medida. Representaba la «existencia» infinita de Dios, y en consecuencia, no podía «ser» en términos humanos.


¿Asombrado, perplejo y confundido? Y eso, que lo único que hemos hecho es navegar sobre la superficie del océano. ¡Qué tal si pudiéramos sumergirnos en sus profundidades! Sin lugar a duda: nos ahogaríamos.


Esto es,  Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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