
Algo para Pensar — Parasha Vayakhel ( lunes, 17 marzo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!“Todo sabio de corazón de entre vosotros vendrá y hará todas las cosas que El Eterno ha mandado: el tabernáculo, su tienda, su cubierta, sus corchetes, sus tablas, sus barras, sus columnas y sus basas…” (Éxodo 35:10-11).
Hay eruditos que piensan que El Eterno cometió un gran error al ordenar la construcción del Mishkan. Y no es que no fuera una brillante idea; más bien se trata de haberla ordenado cuando ya era «tarde.»
Esta interpretación nos obliga a entrar nuevamente en contacto con el concepto de «auto restricción divina» ** unida al hecho de Dios estar “aprendiendo” a ser Dios interactuando con nosotros los humanos. Siendo estas ideas, alternativas casi irresistibles, al ver cuántas veces El Eterno realiza modificaciones en Sus estrategias.
¿Subestimó Dios la enorme importancia que tenía ésta estructura? Si este fuera el caso, siendo Dios, pudo haberlo hecho deliberadamente, si fue así, entonces el precio que pagó por ello fue enorme.
Al esperar tanto tiempo para ordenar a los israelitas que construyeran esta Tienda Divina — desde nuestra perspectiva — parece haber sobreestimado al pueblo; y por otro lado, da la impresión de haber subestimado el impacto psicológico que tuvo esta pequeña construcción sobre la nación.
De paso, también podríamos preguntarnos si Dios calculó mal todo el esfuerzo destinado a intentar que los israelitas aceptaran los mandamientos y vivieran de acuerdo con ellos. ¿Tuvo Dios tan altas expectativas de parte del pueblo?
En lugar de que los israelitas se sintieran agradecidos después que Él los rescató de cientos de años de esclavitud egipcia, y se convirtieran en dedicados seguidores, discípulos y admiradores, Dios enfrenta con ellos un problema tras otro. Algo que en ocasiones nos obliga a pensar en cuán irracional es su conducta — la del pueblo.
En numerosas ocasiones, Dios y Moisés se vieron obligados a llamar al orden a los israelitas, llamarlos al arrepentimiento por su negativa a escuchar, sólo para ver cómo la obstinación del pueblo, nuevamente volvía a manifestarse al poco tiempo.
Incluso después de la división del Mar Rojo, el milagro histórico «por excelencia,» los israelitas se rebelan una vez más. Cuando Dios habló abiertamente a los casi dos millones de israelitas en el Monte Sinaí, diciéndoles que era Él quien los había sacado de Egipto, tuvieron tanto miedo de la voz Divina que le pidieron a Moshé que le rogase que detuviera esta comunicación celestial sin precedentes.
Pero un poco después, tuvieron el descaro, la impertinencia, de construir un becerro de oro, bailar alrededor de él y adorarlo, declarando que este becerro era su dios que los había sacado de Egipto. ¡Cómo si Dios nunca les hubiera hablado, como si Él no existiera y la experiencia en el Sinaí nunca hubiera sucedido!
Esta abominable violación de las leyes de Dios – específicamente la más importante de todas, nunca hacer imagen alguna de Dios – es un acto totalmente incomprensible. ¿Cómo fue esto posible? ¡Nadie puede entenderlo, ni explicarlo!
Pero, ¿es esta una de las consecuencias de la «auto restricción divina» y del proceso de Dios aprender a ser Dios relacionándose con las criaturas que hizo a su imagen y semejanza?
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
**La auto restricción divina es la idea de que Dios, a pesar de ser omnipotente, decide limitar voluntariamente Su propio poder o influencia en ciertos aspectos de la realidad. Este concepto aparece en diversas tradiciones filosóficas y teológicas y suele relacionarse con la idea del libre albedrío, el ocultamiento divino (Deus absconditus) o la creación del universo.
Un ejemplo importante se encuentra en la mística judía con el concepto de Tzimtzum, que postula que Dios se «contrajo» para dejar espacio a la creación y permitir la existencia independiente del mundo. En el cristianismo, se puede ver reflejado en la Kenosis de Jesús, donde Dios encarnado se vacía a sí mismo de ciertos atributos para experimentar plenamente la condición humana.
En general, la auto restricción divina se plantea como una manera en que Dios permite el desarrollo de la historia, la libertad humana y la autonomía del cosmos sin intervenir de manera absoluta en cada aspecto.




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