Algo para Pensar — Parasha Vayakhel (domingo, 16 marzo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shavua Tov Lekulam!


Durante esta semana estaremos estudiando el contenido de Parashat Vayakhel. Esta es la 22.ª porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá. 

Porción: Éxodo 35:1-38:20; Números 19:1-22 


Vayakhel (“Y él se reunió”) comienza con Dios ordenando a los israelitas no realizar ningún trabajo en el santuario durante Shabat. Los israelitas juntan ofrendas para Dios, y juntan tantas que no deben buscar más. Moisés le dice a Ohaliab y a Bezalel, quienes llenos del espíritu de Dios, deben tomar las ofrendas de los israelitas y comenzar la construcción del Santuario de Dios.


«Moisés convocó a toda la congregación de los hijos de Israel y les dijo: Estas son las cosas que El Eterno ha mandado que sean hechas: Seis días se trabajará, mas el día séptimo os será santo, día de reposo para El Eterno; cualquiera que en él hiciere trabajo alguno, morirá.» (Éxodo 35:1-2)


¿Por qué cree usted que el Libro de Shemot (Éxodo) registra el mandato de Dios de observar la institución del Shabat inmediatamente ANTES de que Él instruya a Moshé a construir el Mishkan (Tabernáculo)?Podríamos argumentar que esto es sorprendente y simultáneamente repetitivo.

Después de todo, ya la Torá nos había informado que los Diez Mandamientos instruían a los israelitas a observar el Shabat: «Recordad el día del Shabat para santificarlo». (20:8) Entonces, ¿por qué hay que volver a repetir este mandamiento justo antes de iniciar la construcción del Mishkán? 


Rashi (cf. Sobre Shemot 35:2), reconociendo esta dificultad, afirma:
«Él intencionalmente les mencionó la prohibición en referencia al sábado antes de la orden sobre la construcción del Tabernáculo para dar a entender que no deja de lado (reemplaza) el sábado» (cf. Mekhilta d’Rabi Yishmael 35:1:1).


Esto realmente es muy sorprendente: ¿Por qué la observancia del Shabat debería ser más importante que la construcción del Mishkán? Después de todo, ¿no es el Mishkán el símbolo de un encuentro continuo entre Dios y el ser humano? 

La respuesta podría encontrarse en el hecho de que el mandamiento de observar Shabat menciona específicamente la prohibición de encender fuego en este día. Un midrash relata que al concluir el primer Shabat, Adam HaRishon (el Primer Hombre) se asustó cuando el sol comenzó a ponerse.

Al ver esto, Dios le trajo dos piedras y le enseñó a hacer fuego. Adán, comprendiendo el significado de este gran don, prorrumpió en una «brajá» (bendición) espontánea: «Bendito el que ha creado la luz del fuego» (cf. Génesis Rabá 11). 


Esta se convirtió en la brajá que pronunciamos todos los sábados por la noche, justo después que termina el sábado y antes de reanudar nuestro trabajo como co-creadores. A diferencia del mito griego donde Prometeo aparece robando el fuego a los dioses, aquí es Dios quien voluntariamente entrega este gran secreto a los seres humanos.


La humanidad es creada a imagen de Dios. Esto significa, entre otras cosas, que estamos bendecidos con capacidad creativa y comprensión intelectual. El primer mandamiento dado a los humanos fue «llenar la tierra, dominarla y gobernar los peces del mar» (Génesis 1:28).

El ímpetu creativo es un don divino, y la expresión activa de la creatividad humana un mandato divino. La Creación es una llamada a la acción humana, a la implicación y la colaboración con el Creador.


Estar involucrado en la tecnología, la ciencia y otros esfuerzos humanos es estar involucrado en un acto religioso: ¡una mitzvá! Cuanto más modelamos el mundo, más cumplimos el mandato de Dios.

Sin embargo, esto también significa una mayor responsabilidad: cuanto más sabemos cómo operar y dominar el mundo, más responsables nos volvemos de las consecuencias, del resultado; de los resultados de nuestros actos y creaciones.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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